WALTZ WITH BASHIR: El horror de la guerra animado

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Hoy escribo desde el odio; odio profundo hacia la impunidad de los Estados invasores, aquellos que crean conflictos, que matan, que hacen muertos, y destruyen el cerebro de los soldados que defienden su país; su tierra; su sin sentido.
Así es Waltz with Bashir, cine documental animado, que narra la violencia que engendra una guerra; dibujos animados en dos dimensiones, sin modelar, sucios, austeros, rotos; como la guerra; como la muerte.
El punto de partida, la conversación entre dos compañeros de batalla, y el sueño de uno de ellos que se repite: veintiséis perros salvajes corren por las calles de la ciudad hasta que se detienen en el lugar donde reside.
El que escucha, el otro ex-soldado, no recuerda, no retiene porciones de su propia historia, de su pasado militar; es la búsqueda de aquellos que compartieron su dolor, para completarse; para concluir su propia historia. Un viaje por su pasado, a través de los ojos de los que le acompañaron en la batalla.
Así se narra la historia en Waltz with Bashir, a través de la vida de aquel ex-soldado, en pasado, y de la búsqueda de esos recuerdos, en presente.

El asalto destructivo de la ciudad de Beirut por las fuerzas israelíes, tuvo sus consecuencias en en la milicia libanesa, en los civiles palestinos, en sus enemigos; también en sus propios soldados. Como todas las guerras; como siempre.
La incongruencia se describe en cada plano, con cada movimiento, en palabras. Es fría la película, pero llena de sentido común. Aprieta, te hace tragar saliva, porque los hechos que se recuerdan ocurrieron en 1982; da miedo.
Lo mismo ocurrió, hace unos meses, en en el recién estrenado 2009: Israel, Gaza, Palestina, Líbano. Aquella vez la matanza sacudió las ciudades de Sabra y Chatila. Hoy fue Gaza.
Igual, idéntico hasta en los protagonistas; siguen muriendo los mismos. ¿Y mañana?
Los acontecimientos transcurren en el devenir de la Historia, de la misma manera, sangrienta y estúpida; absolutamente errónea; no hay momento para reconocer los errores; políticamente jamás. ¿Humanamente quizás?

Waltz with Bashir es una coproducción entre Israel, Francia y Alemania, absolutamente neutral; objetiva, real. Pregunta y respuesta; nada más; sin manipular. Por eso da miedo. Por eso hay que presenciarla desde la butaca, con atención, en alerta, pero sobre todo, disfrutándola.
Visualmente es muy atractiva, combina muy bien una excelente banda sonora, en todo momento, aunque especialmente en la narración irreal, inserta en la propia realidad del conflicto.
Mantiene siempre un primer plano activo, junto con un fondo descriptivo; ningún detalle asoma banalmente.
Esa carencia de tridimensionalidad le afecta de forma muy postiva para recalcar la destrucción; el afán destructivo más bien.

Es por eso que Waltz with Bashir, éticamente, está por encima de cualquier film del cartel cinematográfico del fin de semana. Todo lo demás está en la pantalla.



Giorgio 27/02/2009


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Fuente: Youtube
Autor: Cines Golem

ANSEL ADAMS: El fotógrafo de la naturaleza

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A mí Ansel Adams, me inspira. Me tiene cogido por el estómago. Me arrebata con su forma de mirar e interpretar el universo natural, con sus formas imperfectas, con sus fragancias, con su luz y su sombra. Una muestra de ello, son las fotografías que acompañan a mi pequeño texto; lo apelmazan, diría yo. Otra muestra: aquellos fotógrafos que miran la naturaleza, que la retratan hoy como miró Ansel Adams.
Yo me incluyo; por supuesto que me incluyo.

Ansel Adams murió hace ya más de treinta años, ajeno a la tecnología digital, al menos a la que hoy día corre por nuestros campos, virtuales quizás, proponiendo una fotografía que contempla lo que observa como un privilegio, como un regalo. Es la única manera de recrear esos paisajes de forma tan majestuosa, tal como se muestran a nuestros ojos.
Si además le añadimos la invención del sistema de zonas, (junto a su colega Fred Archer) paradigma de la fotografía fotosensible, Ansel Adams alcanza la categoría de maestro.
El sistema de zonas ponía de manifiesto la relación entre las luces reflejadas por la escena, con la respuesta de nuestra película a la luz (llamada técnicamente sensibilidad), así como con el grado de revelado, que debía aplicarse a la película y al papel, para obtener el mayor rango de tonos de la escena, en nuestra copia en papel fotográfico; tonos de una realidad en color, que eran convertidos en puntos de grises, cada uno con una densidad distinta, con una diferencia en el matiz de cada gris.
Es decir, permitía obtener una correlación directa entre la imagen real, y la copia en papel fotográfico.
Los problemas inherentes al nacimiento de la fotografía, quedaban solucionados, al menos mitigados en parte, ya que el fotógrafo obtenía una herramienta para poder conocer, de manera más o menos precisa, lo que ocurriría posteriormente en su copia positiva.

Pero hay algo más en el viejo Ansel, que le hace extraño; algo que otorga a su trabajo un carácter especial, dramático; extrañamente dramático.
Sus composiciones evocan momentos diferentes del Parque Nacional de Yosemite, en primavera, en invierno, bajo la luz de las estrellas, o al amanecer. Momentos precisos, captados por una cámara pesada, soportada en un trípode de madera, robusto, antiguo, llenos de golpes, de arañazos; de continuos traqueteos, de vueltas con los parajes más inhóspitos de la geografía americana.
De tal forma retrató Ansel Adams la naturaleza, tal fue su ímpetu, su obsesión, que aquel parque, el de Yosemite, fue declarado como Parque Nacional de Yosemite, por el gobierno americano. Su trabajo reflejó como nunca aquellos parajes naturales; lo que nadie había visto de Yosemite.
Su blanco y negro desvelaba las formas de las montañas, haciéndolas más impenetrables, más perennes; la ausencia del color aumenta la percepción de las formas, de las texturas, de las líneas; la gama de tonos de grises que Ansel Adams reproduce en las fotografías, es tan amplia, se hace tan progresiva al observarla, que parece que el paisaje, esa porción de realidad coloreada por la luz, esté pintada en blanco y negro.

Por esto, por lo que representan sus imágenes, sus retratos de realidad natural, por todos aquellos lugares que se encargó de congelar en sus fotografías, por los años que pasó en solitario realizando esta gran labor; por todo ello, Ansel Adams es uno de los maestros de la fotografía del ya pasado, pero nunca olvidado, siglo veinte.


Giorgio
25/02/2009

Sweet Corner Vol. 1

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Al servicio de la plebe

Toda obra artística, sea del carácter que sea, busca con su ejecución una comunicación, algo que transmitir al receptor. Esto es algo evidente, una obviedad que me permite ir enmarcando el tema que me gustaría tratar. Cine hay de todo tipo y variantes, cada género o estilo, si está bien hecho, puede hacernos llegar ese mensaje más o menos evidente que encierra todo el proceso de la película. No es que desee hacer un alegato del cine más cerebral y cargado de contenido que exista, si no una defensa de lo que considero una obra, por lo menos inteligente.

Desde su nacimiento, el séptimo arte ha estado al servicio de nuestra intencionalidad. Desde las primeras grabaciones que procuraban sorprender al espectador, hasta las últimas producciones que buscan lo mismo a ritmo de talonario y caras bonitas. Entre estos dos extremos hemos tenido multitud de variantes que han permitido al artista, con más o menos complacencia, llegar al espectador. Resulta curioso en este sentido el documental nacional socialista, que perseguía, consiguiéndolo desde mi punto de vista, mostrar la magnitud del movimiento que emergía en Alemania en los años treinta. Las grandes concentraciones, la gente uniformada saludando a la esvástica y el fervor del público todavía pueden hoy por hoy provocar nuestra sorpresa. Este era el ejemplo más evidente de arte al servicio de un régimen, cosa que también hizo el comunismo o el nacional catolicismo franquista. Sí, aquí en España también se dio este género con los documentales del NODO o con la película Raza de la que era guionista el mismísimo Generalísimo.

Todo tipo de causas se han defendido desde la cámara y el trabajo de guión. Se puede hablar de las renovaciones estilísticas y técnicas que se producen en la Francia de mediados del siglo XX, cine que no he seguido en demasía, pero del que alguna referencia fiable tengo. Trabajos cargados de intelectualidad e intencionalidad, que independientemente de su carácter estético te hacen pasar, al menos, un rato entretenido durante el que las concesiones al espectador son más bien escasas.

Incluso las obras comerciales se pueden hacer sin licencias sonrojantes, haciendo que el receptor trabaje un poco y no dándoselo todo mascado. Ejemplos de este tipo cine son algunas películas de Polanski como por ejemplo; Frenético o Lunas de hiel que te hacen reflexionar o donde siempre se encuentran secuencias interesantes e enigmáticas. O los alardes de guión cómico que realizaba Billy Wilder en títulos como En bandeja de plata, El apartamento o Primera plana en los que sin movernos de una sola estancia podemos pasar, gracias al excepcional trabajo del escritor, un rato más que divertido con algún que otro instante para el pensamiento.

Por supuesto se sigue haciendo cine de calidad, tanto en Europa como en América, aunque considero que cada día que pasa es más difícil encontrarlo. Si no vives en una gran ciudad, o tienes alguna referencia que te guíe, lo más probable es que acabes emponzoñando tu tarde frente a la pantalla. Gracias al recurso de Internet, hoy por hoy, tenemos la posibilidad de encontrarnos con joyas que normalmente pasan desapercibidas por la cartelera. Evidentemente, es necesario delinquir ya que el conseguir películas descatalogadas por este medio es considerado como delito. La última vez que recuerdo haber ido al cine me encontré con una de estas sorpresas desagradables que te dejan con la sensación de que te han tomado el pelo y vaciado el bolsillo. Vi una de estas pelis que cargadas de buenas intenciones y con un planteamiento interesante acaban cayendo en todos los clichés imaginables, a esto hay que sumarle el ambiente adolescente que se respira el domingo por la tarde en cualquier multicine de España. Risas, conversaciones y demás estupideces hicieron que jurase que no volvería a ese maldito lugar. A ver lo que tardo en regresar.

Sin embargo, lejos de molestarme con cuatro púberes hormonados, lo que más me revienta es que me tomen por imbécil. Más allá del contenido, de la intelectualidad, del humor o de la estética, considero que el noventa por ciento del cine actual está hecho por listillos para que lo consuman tontos aborregados sin ganas de reflexionar lo más mínimo. No hay más que ver los títulos de la mayoría de cintas que se pueden ver en cualquier cine, una gran cantidad tienen un toque estúpido que provoca mi más profunda repulsión. Ya he dicho que no soy un cinéfilo, que incluso me he tragado cosas infames, pero me parece increíble que la gran mayoría del público caiga en esta más que evidente trampa. ¿Tan cansado es pensar un poco? ¿No es posible pasar un rato entretenido viendo algo de calidad? No conozco la respuesta a estas preguntas, pero lo que sí sé es que en la mayoría de las ocasiones en que algo es taquillero se convierte en sinónimo de basura. Por lo menos para mí.
Parece que cada día estamos más idiotizados; ¿o seré yo el diferente? En fin, será mejor dejarlo estar y evitar todo aquello que persigue la masa atontada. Ya sabéis amigos, si hay mucha gente lo más probable es que sea una mierda.

Nacho Valdés

Cesc Gay y el cine de autor español

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Lo que últimamente ocurre en el panorama cinematográfico español, transcurre ya hace muchos años, a lo largo del espacio y el tiempo. Y es que insisten en dejar atrás a ciertos autores, ciertos creadores, que otorgan un halo de eternidad a sus trabajos, en la búsqueda de sí mismos, como personas, y en su caso, como autores de obras cinematográficas.
Cesc Gay, atesora las cualidades para ser un perfecto olvidado; relegado a una taquilla hambrienta de cine de verdad. Siempre existirá taquilla para Cesc Gay, pero no encontrará lugar, ni entre sus compañeros de profesión, ni como creador que alimenta los deseos de los más hambrientos espectadores. No hay espacio en esa taquilla para aquél.
Siempre ocurre lo mismo; en lo sucesivo, no confío en el cambio de posición de los "señores" del cine. Victor Erice es un ejemplo, como lo fue durante muchos años J.Luis G. Berlanga, y lo es hoy día Jose Luis Guerín o Jaime Rosales; pero es que exclusivamente estos nombres son los que pasarán, y pasan, a la (triste) historia del cine español. Como muchos otros. Afortunadamente.

Ficción, es la última muestra que tuve la suerte de observar, hace ya unos años, del autor cinematográfico Cesc Gay. Concretamente hace ya tres años.
Una historia de verdad. De la gente, realizada para pensar, para notar aquello que el autor quiere; para sentir el silencio, los silencios, y en el caso del protagonista, encarnado por un siempre excelente Eduard Fernández, aquéllos que trasncurren por la mente de un cineasta, que se refugia en la casa de su pueblo, para recuperar su motivación. Todo ello, aderezado por el resto de personajes, que confluyen en presente y pasado, con sus miedos, sus intereses; su realidad, bajo el contexto de un pueblo enclavado en las montañas. Todo quieto, todo en calma.
Todo, excepto el alma de los personajes; excepto el corazón.
Contemplar esta bella obra, te hace sentir bien, te permite concentrarte en los aspectos narrativos, pasando planos y planos delante de ti, como si fueran las hojas de un libro entretenido.

Para mi es importante, al entrar en el cine, cuando las luces van apagándose, notar el aliento del autor en cada plano filmado, en cada muestra de la historia presente en esas imágenes, en cada sonido que se desprende de los altavoces; necesito eso del cine, ese halo de eternidad, que provoca en las personas desencanto, inquietud, miedo o tranquilidad; necesito sentirme persona cuando entro en el cine.
Al salir, cuando se encienden las luces, cuando la obra fílmica ha finalizado, y he conseguido acercarme a lo que el autor ha preparado para mí, no hay nada que exprese mejor mis sentimientos, que una sencilla sensación: la diferencia.
Si una película me ha hecho salir diferente a como he llegado antes de sentarme en la butaca, después de haberla visionado, significa que el autor ha pulsado donde debía, para rescatar de mí, la sensación de bienestar. Un profundo sentir, tan beneficioso para las personas, como el respirar aire puro.

Es una lástima que dos mil seis sea el año en el que Cesc Gay firmó su última película. Espero con impaciencia, el momento en el que las luces se apaguen, y poder escribir que lo demás está en la pantalla.


Giorgio
23/02/2009


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Fuente: Youtube

THE WRESTLER: Aronofsky y el mejor registro de Mickey Rourke

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Los viernes son de cine. Al menos para mi. Siempre y cuando se cumplan dos requisitos: que en cartel se exhiban buenas películas, y que la economía te lo permita.
The Wrestler es una de esas películas, que hacen que el precio de la entrada no te importe.
Darren Aronofsky vuelve a la pantalla plagado de buenas nuevas, deshaciéndose de él mismo, aunque manteniendo siempre su peculiar estilo.
Esta vez se limita a reflejar en la pantalla la vida de un luchador de lucha americana, encarnado por un decadente Mickey Rourke. Siempre mostrándonos su espalda, acompañándole en todos aquellos momentos, incluidos los ajenos a la lucha.
No se muestra nada que no se tiene que mostrar, por ello es real, brutalmente real; los bajos fondos de la lucha se presentan como un todo, entendiendo que estos, están implícitos en el contexto de la lucha americana: no existe la lucha, sin sus bajos fondos. No hay trampa, hay simulación; realidad simulada, con fatales consecuencias. Los golpes, golpes son.
La decadencia es algo que llega a las personas tarde o temprano. En un luchador, el intervalo de tiempo es aun menor. El estado físico es mucho más caduco. Más etéreo.
Irremediablemente fatal, porque no puedes cultivar algo que poco a poco se va pudriendo.
The Wrestler pone de manifiesto la simulación, no sólo de la lucha, sino de la vida de las personas.
La rutina, parapeta nuestra percepción sobre nuestra actividad vital, no deja que salga a la luz; se simula, como en la lucha. Lo mismo da, lo importante es ofrecer algo que nos haga enorgullecernos; la realidad, da igual.
Así les ocurre a los personajes que pululan por la película; al luchador, a su amiga la bailarina, a su compañeros de lucha, a su jefe, a su hija.
Y lo que se simula, termina por pasarnos factura, tanto o más, como la misma realidad.

Técnicamente, la película ofrece una narración lineal, sencilla, sin alardes; pero voraz. La presencia de la cámara en mano, del movimiento, le otorga una fiel descripción de las acciones, de los hechos, sin dejarse nada fuera; nada que no sea ajeno al universo de The Wrestler.
M.Rourke, le confiere un punto de desgaste mayor al personaje, mayor que el que le pudiera otorgar cualquier otro actor; su registro es altamente recomendable y merece mi modesto reconocimiento.
Me parece una de las obras de Aranofsky más diferentes a todo su estilo, pero con un tratamiento de la historia muy personal, con una mirada que cada vez se hace más cercana, a lo largo de la película.
Es sencilllo, sentarse en la butaca, y presenciar esos casi ciento veinte minutos que dura el extracto de la vida de The Wrestler.
Lo demás, está en la pantalla.


Giorgio
20/02/2009

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Fuente: Youtube

War Photographer: JAMES NACHTWEY

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"Cada minuto que estaba allí, quería escapar. No quería ver esto. Ante mi, la dualidad: cortar y correr, o tratar con la responsabilidad de estar allí con una cámara " (James Nachtwey)

Posiblemente todos apagaríamos la cámara, y saldríamos huyendo, corriendo despavoridos, desapareciendo de uno de esos lugares donde las personas se matan entre sí. Posiblemente así sería. Seguro que es así. Por alguna razón, es grato saber que existen profesionales, personas, con los principios éticos y morales de James Nachtwey. Impasible, inmutable ante los hechos, participando de ellos como un observador, y a la vez como protagonista del acto fotográfico. Asumiendo la responsabilidad que conlleva cada disparo, cada pulsación del botón que activa los engranajes de su cámara fotográfica.
Ese 1/125 de segundo que congela una porción de realidad. De cruda realidad.

WAR PHOTOGRAPHER es un documental que relata la actividad profesional del fotógrafo de guerra, encarnado en la figura de James Nachtwey.
Técnicamente, el documental se rodó con varias cámaras, incluyendo una minicámara instalada cerca del botón de disparo de la cámara de Nachtwey, lo que otorga un realismo feroz, y nos acerca aun mas la mirada del fotógrafo al espectador.

El recorrido alberga multitud de conflictos, situándonos inicialmente en las ruinas de la ciudad de Kosovo. El terror de las familias kosovares al levantar las fosas comunes, desgarra por completo el interior de cada fotografía: cuerpo y alma pasando por la mirada del fotógrafo. Tanto las fotografías como el documental respiran un respeto por las personas, por su dolor, respeto que es perpetrado multitud de veces en nuestra sociedad occidental. Es imprescindible para poder acercarte y retratar el dolor, su dolor, al que tu eres un ajeno e invitado de excepción.

Desde la franja de Gaza, pasando por los arrabales de Indonesia, donde las personas viven entre las vías de los trenes, sin más cobijo que unos cuantos cartones, hasta las minas de sulfuro, donde el aire se hace irrespirable, o en su estudio en New York, el semblante de Nachtwey permanece igual. Su templanza, su responsabilidad, da miedo.
Eso le hace grande, le hace fuerte, pero le llena de miedos, de miedos y de hielo. Hielo que hace que su sangre no fluya como en los demás, que le prepara para fotografiar aquello que debe fotografiarse, que le permite obrar con toda la cautela y la paciencia que la situación merezca.

Por todo ello, el documental merece la pena. Debería verse en todas las escuelas donde se eduque en ética y moral, donde se enseñe imagen y sonido, donde se quiera inculcar unos valores que se han perdido.
Nachtwey pertenece a una raza diferente de ser humano. Aquélla que hacía gala de su honor, que confiaba sus actos a sus principios éticos y morales, respetando sobre todo la responsabilidad inherente a la actividad profesional que aquella gente desempeñaba.

Lo demás, está en la pantalla.



Giorgio
18/02/2009

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Fuente: Youtube

Inauguración. FASSBINDER y los suyos.

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Una vez tomé la decisión de ver cine; sentado en una silla más bien incómoda me parapeté tras esta, e inicié mi escalada fílmica.
Eso fue hace ya un rato, pero sigo sorprendiéndome con la habilidad que algunos cineastas poseen para motivar en los espectadores, sentimientos encontrados sobre las imágenes que proyectan.
Uno de ellos era
FASSBINDER. Desde luego que sí.

Mi intención inicial, de apertura, era la de conseguir acercar películas y fotografías, que considero marcadores, puntos de inflexión de la historia del cine, en la ruta fílmica o fotográfica de aquellas personas interesadas en sendos universos.
Y de entre todas las películas de FASSBINDER, una de ellas me provoca inquietud, me suscita necesidades, todas en torno a la insatisfación, y el conformismo que crea el espacio en el que vivimos, y del que nosotros somos creadores.
Lleva como nombre
Katzelmacher (1969), y pertenece a uno de esos géneros que cuesta describir. Película coral, rodeada de personajes, ajenos entre ellos y tan cercanos entre sí, dispuestos sobre un escenario comprendido en tres espacios. Acontándolos, cercándolos, haciéndoles cada vez estar mas juntos, pero siempre alejados.
No es quizás una película dispuesta a atraer a las masas, pero pretende (consigue) destruir todo los lazos (cadenas) humanos, con el propósito de hacernos pensar sobre el mundo que estamos creando.

1969 fue un año especialmente traumático, especialmente especial. FASSBINDER refleja bien la diferencia de pareceres, la disputa, el conflicto, que en esos años se consolidaban y hacían mella en la sociedad.
Katzelmacher invita a querer pensar en todos los que nos rodean. Sin tapujos.
Lo demás, está en la pantalla.



Giorgio
16/02/2009

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Fuente: Youtube