Sweet Corner Vol. 89

|



La clase dirigente

El refranero español que, aunque manido y algo cursi tiene respuestas para todo. Dice que cuando las barbas de tu vecino veas recortar, pongas las tuyas a remojar. Es decir, que si ves problemas en algo relacionado con lo que tú haces que estés al loro pues posiblemente te veas inmiscuido. Es por todos sabido, a no ser que alguien haya estado orbitando en la estación espacial internacional o explorando las selvas vírgenes de Madagascar, que se están produciendo una serie de cambios políticos allende del Estrecho de Gibraltar (es decir, a la vuelta de la esquina) y que nadie parece darse por aludido. No quiero decir que en el mundo democrático europeo debiera suceder algo parecido pues estamos en una situación bastante más desahogada, pero lo que es una realidad es que algunos asuntos deberían ser revisados.
De todas formas, independientemente de que no estemos bajo un gobierno totalitarista de corte militar no tenemos motivos para aguantar los desmanes de nuestros dirigentes y de la clase política. Da la impresión en los últimos tiempos, o quizás siempre, hemos sido dirigidos por una serie de cretinos que nos convierte, a los ciudadanos, en rebaño de estos inútiles que intentan dirigir sus destinos más que los del país. Ahora que se ha producido la revolución digital, que la imagen llega a todos los rincones y todo lo descubre, parece ponerse de manifiesto la vulgaridad, bajeza y falta de moral que acompaña a los grupos políticos que se reparten el pastel del poder. Pues lejos de ejercer autoridad, lo que hacen es un ejercicio de poder en el que gana el menos malo. Por lo menos esa es la sensación destilada que recojo cada vez que veo un informativo, escucho una noticia de radio o leo la prensa. Es tal la mediocridad, la falta de elocuencia, de ingenio y de soluciones que parece que la única posibilidad es decantar nuestro voto de manera visceral y sin caer en el estudio o análisis de lo que se propone. Puedo asegurar que llevo meses sin escuchar un comentario inteligente por alguno de los pertenecientes a la élite política de este país, quizás deberían dejar hablar más al ministro Gabilondo que se me antoja un remanso en el torbellino gubernamental.
El caso es que lo único que se impone, lejos del interés público, de la defensa de la res publica, es el ataque al contrario para, mediante su desprestigio, lograr alcanzar el tan ansiado poder. Una vez situados en ese lugar principal, qué es lo queda por hacer. Pues lo que suele suceder es que se deben aguantar las embestidas del grupo opositor para que el desprestigio no lleve a los niveles que provocan la pérdida del poder. Además, considero que en el mundo occidental lo que se impone es una imagen asociada a un tímido ideario que no deja de ser cuatro banalidades descargadas de cualquier pretensión intelectual. Es por esto que los militantes pertenecientes a uno o a otro grupo son fácilmente identificables pues ellos mismos llevan un estilo de vida desprovisto de pretensiones políticas, se trata casi de una moda que hace que uno sea aceptado en un determinado ambiente. Puede sintetizarse en una cuestión estética: la militancia hoy por hoy es un tema de imagen.
No dudo de la legitimidad y sinceridad de aquellos que están metidos en política, sobre todo de los colectivos de base que son los que llevan muchas veces el peso del trabajo, pero pasados ciertos niveles todo se vuelve confuso y corrupto y es difícil saber dónde empiezan unos intereses y acaban otros. Me resulta increíble concebir cómo es posible que en Italia gobierne desde hace varias legislaturas un señor como Berlusconi que está implicado en varias causas judiciales, cómo es posible que un señor que fue primer ministro de Francia como Chirac esté siendo enjuiciado por delitos económicos, que todo el Levante español esté sometido a unos políticos mangantes con dedos largos y bolsillos profundos, que existan monarquías como la monegasca y la británica a los que se les paguen fiestas y todo tipo de saraos, que vuelvan en centro Europa los grupos políticos de corte nacional socialista, que en época de crisis tengamos record de beneficios y de sueldos de directivos en grandes empresas y así podríamos continuar prácticamente indefinidamente. No sé si es que yo con la edad me estoy volviendo más agrio pero es que da la impresión, por lo que poco que me entero gracias a la televisión y demás medios informativos, de que nos están tomando el pelo. Como me gustaría que mi voto oscilase, el no tener la seguridad de adónde dirigirlo pero, al final, siempre creo dirigirlo a los menos malos.
Háganme dudar, por favor.

Nacho Valdés

0 comentarios: