Sweet Corner Vol. 92

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Lugares de interés

La dos, ese reducto de calidad que todavía se puede encontrar entre la decadente oferta televisiva, está ofreciendo una serie de documentales históricos que considero deberían ser de visionado obligado para toda persona que se precie de poseer una cultura, al menos, mediana. Por lo menos en mi caso, aunque la temática está más que manida, me está permitiendo entender y aprender numerosos aspectos desconocidos acerca de la Segunda Guerra Mundial.
La oferta documental, de la que ha en múltiples ocasiones he alabado su capacidad didáctica, comenzó hace ya un par de meses con el documental francés (repartido por entregas de cincuenta minutos) Apocalipsis. Este trabajo impecable y objetivo tiene la novedad, pues el metraje sobre este período es inabarcable, de contar con muchos minutos inéditos proporcionados por las cámaras oficiales de los ejércitos que participaron en la tremenda contienda. Desde mi punto de vista, obviando la elegante narración cronológica que nace en 1939 y llega hasta el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón (que curiosa paradoja histórica la que se está produciendo en estos momentos) de 1945, el gran valor que supone esta producción es el nuevo punto de vista que ofrecen las cámaras amateur de los integrantes del ejército americano, francés, alemán y ruso. Ese era un punto de vista al que no se había llegado pues, a mi entender, la mayoría de trabajos anteriores estaban apoyados sobre un fondo fílmico limitado y que obligaba una y otra vez a volver sobre los lugares comunes que todos ya conocíamos. De todas formas, e independientemente de la gran cantidad de imágenes que ya existían, destacan las que he estado visionando por suponer un acercamiento más humano y personal a la contienda. Se trata de una amalgama de punto de vista personales que podríamos identificar con cualquiera de nosotros, gente normal inserta en una situación extraordinaria por lo caótica y complicada que se volvió. Personas que desempeñaban sus funciones civiles en sus respectivos países y que acabaron luchando contra una amenaza abstracta y distorsionada que venía publicitada desde sus Estados. Estos individuos anónimos de los que no quedan casi vestigios, a los que ni tan siquiera se puede incluir en los créditos finales, resultaron ser trascendentales casi medio siglo después para comprender una guerra que casi acaba con la civilización tal y como la entendemos. Me resultó especialmente llamativa la última entrega en la que, a modo de homenaje a estos héroes anónimos, se ofreció una muestra del trabajo que realizaban estos abnegados e inconscientes documentalistas (digo inconscientes pues probablemente no conocían el calado de la función que estaban desempeñando y, desde luego, no albergarían ninguna intencionalidad divulgativa). En los últimos minutos de metraje el espectador se hace testigo de cómo los cámaras de guerra tenían que dejar el fusil a un lado para, con su pesada cámara cinematográfica sobre el hombro, lanzarse a por una buena toma esquivando los disparos enemigos.
La segunda oferta del canal minoritario y que se ofreció a continuación del ya mencionado Apocalipsis, fue la serie documental titulada Cazadores de nazis. En esta ocasión, y como su nombre indica, se centra en la labor de anónimos y sacrificados civiles que dedicaron su tiempo, dinero y esfuerzos a la persecución de aquellos gerifaltes alemanes que, ante la cobardía de quitarse la vida, huyeron camino de tierras más prósperas como las de Sudamérica. También hay un tratamiento muy pormenorizado del papel que cumplió el Estado de Israel, de las ejecuciones sumarísimas a las que condenaron a ciertos integrantes del ejército nacionalsocialista o de la deportación obligada y furtiva que realizaban con algunos de los más sanguinarios asesinos del terrible período en el que el nazismo alcanzó el poder y amenazó al mundo entero. Por otro lado, se denunciaba la ambivalente posición americana que lo mismo perseguía a un miembro del ejército alemán que le ofrecía trabajo y refugio. Como siempre, algunas potencias se dedican a pescar en río revuelto.
De todas formas, lo más emocionante de los trabajos que recomiendo es la función realizada por los anónimos cámaras o perseguidores de asesinos que, sin que su nombre brille en luces de neón, han hecho de esta civilización occidental un lugar en el que merezca la pena vivir.

Nacho Valdés

BLUE VALENTINE: Flash back desde el recuerdo, flash back para contar una historia de amor

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En el recuerdo de la narrativa cinematográfica, el uso del flash back posibilita dar una vuelta de tuerca a la línea de tiempo de nuestra historia, para no comenzar desde el principio sino desde la mitad, o quizás desde instantes antes del final.
Pero cuando lo que cuenta la historia, es un hecho cotidiano, dentro de las vicisitudes que emergen en el interior de la vida de una pareja, como tal, y en cada uno de los dos integrantes de la misma, por separado, el salto temporal incita a pensar en grandes alborozos y espectaculares momentos de tensión y acción; en Blue Valentine no es el caso, todo lo contrario al uso habitual de este recurso, manido en su ortodoxia, resulta original y efectivo cuando algún cineasta utiliza el viaje temporal para contar sin más: perfilar el personaje en la medida que el tiempo cinematográfico avanza consigue acercarnos emocionalmente a cada uno de aquéllos. 
Es así como se construye una historia, una película sin alardes esperpénticos ni argucias del montón, que no introduce ni un ápice de acción, más que la justa, ni un gramo más de tensión y dolor, solo el necesario: la clave es sumar, aportar ingredientes que permitan confeccionar una buena historia.

Desde aquí casi siempre me he dirigido en términos técnicos, ajustando mi lenguaje para hacer accesible las técnicas cinematográficas a los más profanos, para desvelar algunos entresijos sobre éstas. Hoy me destapo como un defensor de la historia, de aquello que se quiere contar y de cómo hacerlo, a partir de un buen planteamiento, todo responde, destaca y se percibe como un todo cinematográfico que tiene un reflejo en el espectador, de manera inmediata: el contacto emocional entre aquel que ve y aquél que crea.

De la historia, poco; una pareja, joven, con una hija, apasionados y emocionalmente cerca, van alejándose hacia el futuro desde el presente, aquél que tiempo atrás les vio tan cerca. Para refrescar su relación acuden a uno de esos moteles con habitaciones temáticas: eligen la futurista. Con un planteamiento así, qué puedes esperar: mucho, creedme.

Giorgio
28/02/2011

Sweet Corner Vol. 87

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La carrera a la falsedad

Siempre me pregunto, cuando se acercan estas fechas y los Óscar asoman la nariz, si se trata de un sincero trabajo académico o por si lo contrario es otro impostado asunto que se relaciona, más que nada, con el marketing. Considero, dada mi naturaleza escéptica y descreída, que se trata de una hábil estrategia publicitaria en la que se utiliza el palmito de los bellos actores para la promoción de estudios, películas y demás añadidos que van de la mano del mundo audiovisual actual.
Supongo, que en un primer momento, se trataría de un acto espontáneo en el que el mundo de Hollywood se reunía para rendir homenaje a sus compañeros de profesión. Es decir, se trataba de una excusa para unirse durante una cena en la que se intercambiaban opiniones, negocios y, seguramente, sexo a raudales. Algo así como las fiestas pijas que puedan realizarse en una urbanización de lujo en la que todos se conocen y todos saben a qué asisten. Además, y a pesar del férreo control que los estudios realizaban sobre sus estrellas por aquella época, se supone que la comunidad cinematográfica formaba una gran familia en la que cada uno tenía su rol. Es decir, seguro que se podía encontrar al típico tío crápula que, con un par de copas de más, echaba miradas lascivas y furtivas a las bellas mujeres que por ahí pululaban. Por supuesto, huelga decir que al llegar a su casa se encontraría con la bronca de su mujer que impotente ante su borrachera lo dejaría dormir hasta el día siguiente. También andarían por ahí las viejas glorias que como si fuesen eternas solteronas en busca de su partido intentarían encontrar un nuevo papel que les permitiese volver al candelero. El equivalente que se me ocurre para esta figura presente en casi todas las familias es la de las antiguas estrellas de cine mudo que, con la llegada del sonido, se quedarían relegadas a un segundo plano hasta que sus mansiones se derrumbasen sobre ellas. Por supuesto, y esto pasa en todos los lados, no puede faltar la sobrinita cañón que de una navidad a otra crece desmesuradamente y se convierte en el blanco de todas las miradas. En este caso, el equivalente adecuado es el de la estrella emergente que rápidamente se hace un hueco en el panorama audiovisual. Buena cantera de jovencitas es la factoría Disney que es especialista en crear, elevar y fagocitar estrellitas adolescentes.
Aunque, por encima de todos los personajes nombrados, como maestro de ceremonias del Hollywood más clásico yo citaría a Errol Flynn. Este artista puede ser considerado el más disoluto y soñador de cuantos actores y divos han pasado por Los Ángeles. Este tío, con su porte de galán, ocultaba bajo su serena y bella apariencia un devorador de jovencitas que hizo del sexo, el alcoholismo y la drogadicción un modo de vida y una seña de identidad. Vamos, una especie de antihéroe al que ocultamente todos nos gustaría parecernos para romper con las molestas convenciones. Parece ser que las fiestas que montaba harían palidecer a las que se realizaban en el teatro Kodac y que si eras alguien tenías que estar invitado, en caso contrario te convertías en pusilánime y no estabas en la onda. La leyenda dice que tenía instalada una cuerda hasta el techo en su recibidor y que le gustaba jactarse de la forma física de la que había hecho gala en Robin Hood y se descolgaba ágilmente como si estuviese en el bosque de Sherwood. También se contaba que el tipo tenía un pene descomunal y que lo usaba para aporrear el piano mientras sus invitados, supongo que féminas la gran mayoría, se deleitaban con la actuación. Al final su vida se convirtió en un ir y venir de los tribunales mientras se casaba y se divorciaba en al menos cuatro ocasiones. El más sonado de sus pleitos, que dejó muy tocada su imagen pública, fue la acusación de violación de una menor que supuestamente se produjo en un yate de su propiedad.
Aquellos sí que eran buenos tiempos para la festividad hollywoodiense y no como ahora que todo supone una medida estrategia publicitaria y no queda ya gente realmente auténtica. Una lástima que figuras realmente artísticas y entregadas con pasión a su autodestrucción estén en vías de extinción, pocos son los que se ofrecen con semejante desmesura a su profesión y a los desenfrenos del éxito con tanta coherencia como lo hacía el bueno de Errol.

Sweet Corner Vol. 85

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El poder educativo de la imagen

Las explicaciones, los libros de texto y demás recursos del profesorado son fundamentales para que las sesiones lleguen a buen puerto y se logre la comprensión de ciertos fenómenos. Sin embargo, existen acontecimientos que, por su grado de inverosimilitud, resultan difíciles de compartir con adolescentes. Estos chavales, al igual que nos pasaba a nosotros, pasará a nuestros hijos y le ha pasado al conjunto de la humanidad, adolecen de una falta de experiencia que les conduce a una pérdida de perspectiva con respecto a ciertas cuestiones que a mí se me antojan fundamentales.
Una de las temáticas que más me gusta abordar en mi materia es la referente a los distintos regímenes políticos que existen y que han existido, desde las monarquías absolutas, hasta los regímenes democráticos y pasando, de manera obligada, por el auge de los totalitarismos que se dio en el siglo XX. Resulta a veces una tarea baldía el hacerles comprender a estos chicos la enorme fortuna con la que vivimos y los grandes logros alcanzados a nivel social, el haber crecido en un ambiento confortable provoca que se pierda perspectiva histórica con respecto a la progresión social y descenso a los infiernos que se vivió durante el siglo pasado. Por supuesto a mí me sucedía lo mismo, siempre he vivido en un régimen democrático, de hecho la Constitución vio la luz el mismo año que yo, y cuando tenía su misma edad desdeñaba o no caía en la cuenta de los graves asuntos que trataban de explicarme mis antiguos profesores. De lo único que me enteraba era que tenía que aprender una serie de acontecimientos para superar un examen y que, al menos en mi círculo, los nazis eran los malos y los aliados los buenos. Poco más saqué en claro de mi etapa en educación histórica. Sin embargo, fue con posteridad cuando comencé a interesarme por temas que me resultan tan importantes como la reflexión acerca de los vaivenes políticos que a nivel social hemos experimentado. Este acercamiento al fenómeno lo realicé por motivos obvios. El primero fue la obligada reflexión filosófica sobre este asunto que forja nuestra carácter individual y cultural, el segundo fue el interés intrínseco que para mí tienen estos temas y que me llevó al estudio desinteresado y ocioso de los mismos.
De todas maneras algo faltaba, todavía no tenía presente de manera clara el discurrir de ciertos acontecimientos que si no los ves de alguna manera no te haces consciente de los mismos. Las cifras de muertos, devastación, toneladas de bombas lanzadas y fechas de combates y acontecimientos se tornan frías estadísticas a las que te acostumbras y de las que tomas distancia debido a la gran profusión de las mismas. Es aquí donde la ficción o el documental pueden hacer presente la realidad histórica desde una perspectiva más humana, más sentida. He visto infinidad de trabajos en torno a la Segunda Guerra Mundial y el auge de los totalitarismos, multitud de películas que trataban desde distintos ángulos este asunto y sería capaz de destacar muy buenos trabajos recomendables para la formación de jóvenes y mayores. Pero, por encima de todas estas producciones, sitúo El pianista de Polanski. Es sabida mi debilidad por este creador pero, en esta ocasión, se trata de un reconocimiento sincero a un trabajo bien hecho que puede llevar al corazón de una fractura que escindió el humanismo europeo. El acierto del film se encuentra en varios puntos que me gustaría destacar: Primeramente hay que tener en cuenta la biografía de Roman, también judío y también habitante durante su niñez del gueto de Varsovia. Seguidamente, hay que recordar que se trata de un guión adaptado sobre la novela biográfica homónima de Spilzman. Estos dos elementos son suficientes para dotar a la narración de la verosimilitud suficiente para destrozar el corazón de los espectadores pero hay más, Polanski tiene el acierto de narrar esta terrible historia tomando la distancia suficiente como para que no resulte partidista el tratamiento que hace de los acontecimientos. Simplemente cuenta una historia de manera magistral con un uso de la cámara que parece situarnos como testigos privilegiados de la historia. Por otro lado, iluminación, fotografía y todo el trabajo artístico es simplemente maravilloso y nos lleva hasta el centro de una ciudad centroeuropea devastada por el mayor conflicto de la historia.
Esta película es la que estamos disfrutando esta evaluación yo y mis alumnos de Cuarto de secundaria. A pesar de lo crudo de la propuesta, se están acercando a mí con interesantes reflexiones que no creo que no viesen la luz si no fuese por el trabajo audiovisual de este director polaco. Por estos motivos, reivindico de nuevo desde este espacio el uso de la imagen para la educación de las nuevas generaciones habituadas más que nosotros con este tipo de lenguaje.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 83

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Algo huele mal en Dinamarca

Que algo huele mal en la sociedad actual es algo evidente y patente desde hace tiempo, el que sea en Dinamarca u otro lugar ya es algo circunstancial. De hecho, me consta que en los países nórdicos europeos no existe la crispación con la que contamos en otras zonas del mundo. Está claro, a la vista de los últimos acontecimientos, que algo no funciona de la manera correcta, que existe un gran desequilibrio y que estamos volviendo a reproducir viejos esquemas con sus ya consabidos problemas. Es decir, parece que está produciéndose una involución en lugar de progreso que cabría esperar de sociedades aparentemente racionales.
Como primer y fundamental problema creo que nos encontramos con la falta de moralidad característica de la sociedad competitiva en la que nos encontramos. Resulta, y esta es una de las particularidades del capitalismo, que el libre mercado ha permitido, mediante la ausencia de injerencias estatales que se produzcan una serie de abusos con el resultado de ruina para gran parte de los estratos sociales. Parece que este libertinaje lo que ha logrado es que la riqueza haya ido a parar a unos cuantos nichos que han dejado desprotegido a los eslabones más débiles de la cadena. ¿Y qué solución puede encontrarse ante esta problemática? ¿Intervención por parte del Estado? Se me podría reprochar que esto supone un recorte de nuestras libertades, que la autoridad estatal metida en el libre mercado acabaría con parte de los derechos conquistados a lo largo de la historia. Estoy de acuerdo, pero resulta que es esto precisamente lo que ha ocasionado el sistema de mercado obsoleto en el que nos movemos, la intervención de los gobiernos con medidas extremas (como préstamos a entidades bancarias que no pueden hacer circular dinero o recorte de empleo público) para remontar la crisis que nos acecha. ¿Y cuál es el motivo por el que hemos llegado a esta situación? Pues tal y como decía, creo que está en la falta de escrúpulos de una sociedad competitiva en la que prima el beneficio sobre la honestidad. ¿Y por qué se produce esta situación? Pues, a mi entender, porque estamos empapados de la cultura americana del self made man, del hombre hecho a sí mismo que medra gracias a su esfuerzo y que no ve como horizonte si no la consecución de sus objetivos. Es decir, prima la individualidad que supuestamente provocará un beneficio para el colectivo pues, siguiendo una simple proclama utilitarista, a mayor número de individuos felices mayor felicidad tendrá el colectivo. Pero, ¿qué pasa con los individuos de la colectividad que no entran dentro de esta felicidad? La respuesta es evidente; se quedan al margen. Y esto es precisamente lo que ha sucedido en los últimos tiempos, creo que existe una mayor cantidad de insatisfechos que de personas realizadas en la actualidad y esto, con una evidencia aplastante, supone un problema difícil de solucionar.
La cuestión de fondo ante esta simplista explicación (por lo escueto del medio) de la situación actual se encuentra en la respuesta de la ciudadanía. Y ésta, desde mi punto de vista, brilla por su ausencia. Considero que hemos llegado a un grado tal de comodidad, estamos dominados de tal manera por el estado del bienestar que no somos capaces de enfrentarnos a una clase política corrupta, inútil y que solo rema en una dirección; la del olor de la influencia y del poder. En occidente muy mal tienen que ponerse las cosas para que alguien se lance a la calle a protestar, no hablo de nada extremista, solo mostrar nuestra disconformidad ante lo que ocurre (como hago con este escrito). Han tenido que ser los desheredados, aquellos que no tienen nada que perder, los que han nos han hecho patente el poder de la multitud unida. No es que la situación sea equiparable en un ciento por ciento, podría ser acusado de una lectura sesgada, está claro que el régimen en el que vivían estaba a años luz del que tenemos en los países presuntamente desarrollados pero, debo decir, que el pueblo tunecino ha dado una lección de pundonor ante la miseria política en la que se encontraba. En occidente no hemos llegado tan lejos o, para expresarlo con más exactitud, la situación no es tan desvergonzada y evidente como sucedía en este pequeño Estado árabe pero opino, y creo que no me equivoco, que el fondo de la cuestión política se acerca bastante. ¿Cuánto tiempo más vamos a esperar para que se escuche nuestra voz?

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 82

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El fin de los tiempos

El cielo nos traerá el apocalipsis, llamas doradas arrasarán las tierras baldías por la desfachatada soberbia humana que no se agacha ante la omnipotencia divina, océanos de sangre cubrirán el mundo mientras un ejército de muertos volverá a la vida atraído por la incansable malicia intrínsecamente humana que nos arrastra a la destrucción.
La imagen es parte del eterno retorno que nos llevará una y otra vez a la repetición incansable de los errores del pasado que reproducimos en el presente para sembrar la destrucción de un futuro cercano. Cuerpos cercenados, restos metálicos que se retuercen en una sinfonía de crujidos y la marejada que lleva cadáveres flotando a la costa de la muerte cargada de mosquitos que devoran la carne violada por el fuego santificado por el imperialismo y el totalitarismo. Juventud desgarrada, locura transitoria que arranca, como una brizna de hierba, la vida frágil que pende del hilo de las fronteras alteradas por el afán de conquista y de poder. Dialéctica de andar por casa para destruir el mundo, fallos que no volverán a producirse mientras caminamos hacia la aniquilación total y sin paliativos que nos llevará de vuelta a la tierra que nos espera con ganas de que la alimentemos. Arenas blancas que se tiñen por las olas que llevan los restos de la batalla, lucha entre hermanos que ya lo son de sangre y que han dejado atrás a sus amigos, a los que han enterrado mediante el ritual que los devuelve a sus orígenes del polvo incorrupto que acabará formando parte de una playa de arena blanca teñida por la sangre de los guerreros.
Racismo encubierto que se eleva a los altares de la enemistad, rencillas con ojos rasgados y rostros pálidos cargados de odio y miedo ante lo desconocido. Grandes extensiones y sentimientos oceánicos que no dejan pensar sobre lo que deseas, lejos de los hijos que han quedado atrás al tiempo que miras por la ventana al volar para aterrizar en la pista de tierra que se llena de vegetación todas las noches. Olvidas que tu bolsillo tiene una carta, olvidas que tu memoria lleva el germen de lo eras y te conviertes en la punta de lanza de los megalómanos planes de los santurrones que creen saber hacia dónde caminar. Subes a la torreta y explota, vuelves a subir y vuelve a explotar; una y otra vez se repite el proceso mientras la lluvia de fuego apocalíptica cae sobre nuestras cabezas. Te entregas al odio y te deshumanizas, eres una animal que se arrastra y que persigue, mediante su olfato, a la presa esquiva que se ha pintado de verde la cara. Sus ojos te miran desde la oscuridad, parecen dos cuchilladas que rasgan la carne y que te enfrentan con lo más oscuro del alma humana; algo descompuesto que anida en el corazón de los hombres y que cíclicamente sale a la luz desde las tinieblas. Quieres gritar, rebelarte, subirte a la palmera que te eleve sobre el fuego, sobre el ruido y la furia que arrasa los frutos de la Naturaleza que grita contigo ante el horror que se eleva como una nube tóxica.
¿Volverá todo a ser como antes? Yo creo que no, les confieso a mis hijos por nacer. Ellos vuelven la vista a otro lado y deciden nacer y salir del vientre de su madre que fue abierto en canal mientras dormía entre sábanas de lino. Al final todo sale por los aires, dos pequeños chicos llegan volando y lo convierten todo en una ruina y elevan a la categoría de espectáculo la puesta en escena que habían estado preparando en el desierto lejos de las miradas ajenas que todo lo quieren saber.
Yo vuelvo a casa y todos me reciben, he liberado al mundo libre manchándome con las vísceras de los tipos que tenía delante. ¿Es esto verdad? ¿Estoy en un sueño? Cómo demonios voy a responder si ya no distingo la realidad del sueño, si mis oídos pitan y no soy capaz de apagar la luz por las noches. Algunas veces busco consuelo y me divierte pensar en mi propia muerte, ¿cómo es posible que yo haya regresado? No tengo respuesta pero siempre que me lo pregunto vuelven a mi cabeza los cuerpos desvencijados que flotaban en el océano rojo que se abría frente a mí, algunas veces me llaman y otras me dejan dormir. Espero que pronto olvide todo lo que pasó frente a las arenas blancas.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 81

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La ciudad infinita

Existen lugares que de alguna manera, supongo que de manera fortuita, destilan una especie de magnetismo que los convierten en increíbles destinos en los que recalar. Esto es lo que sucede con la ciudad de Roma, una especie de amalgama de épocas y distintas culturas que, sin lugar a dudas, tiene un gran peso en la cuenca mediterránea cuyo referente viene marcado desde la península itálica.
La primera toma de contacto con la capital de la región del Lazio es un tanto chocante. La llegada al lejano aeropuerto y los interminables minutos hasta la entrada a la urbe se hacen interminables y, de pronto, te das de bruces con un lugar descuidado y sucio en el que no se atisba ni un gramo de glamur que destilaba Anita Ekberg en La dolce vita. De hecho, te atrapa la impresión de estar llegando a cualquier ciudad española de segunda fila; un lugar provinciano y olvidado por la administración. Sin embargo, el cuño del viaje comienza variar rápidamente en cuanto se comienza a callejear en busca del hotel. Las avenidas se convierten en calles, las calles en callejones y acabas atravesando, entre un tráfico infernal, lugares por los que no apostarías que pasaría el transporte que te está llevando hasta las puertas de tu hotel. Una vez en tierra, arrastrando las maletas por el adoquinado, llegas a la recepción y la impresión inicial con el pueblo italiano no puede ser mejor. Se trata de gente eminentemente callejera y que comparte con nosotros, además de la cercanía idiomática y climatológica, un estilo de vida que hace que un español se sienta desde el primer instante como en casa. De hecho, se trata de personas habituadas al trato con el turista y saben cómo hacer que te sientas cómodo a pesar de encontrarte a miles de kilómetros de tu hogar.
El contacto rápido que se realiza nada más dejar las maletas, en las vías céntricas en las que recalamos, es confuso y alborotado y provoca la impresión de entrar una maraña humana de la que difícilmente podrás escapar en las siguientes jornadas. Sin embargo, al poco uno se acaba habituando y encontrando el espacio. Aún así, y a pesar de alguna sorpresa arquitectónica, no se trata de la metrópoli esperada.
Al día siguiente, sin embargo, la ciudad parece mutar. Con el cuerpo descansado y en jornada laboral de lunes la gente parece haber desaparecido, todos los rincones plagados de personas se convierten, como por arte de magia en lugares diáfanos que te permiten disfrutar del panorama sin sentirte agobiado y en pugna constante por el espacio. Aprovechando la situación favorable se llega a la zona de la Roma Clásica que, a mi modo de ver, es la más increíble y majestuosa de toda la ciudad.



Independientemente del espolio, deterioro y abusos sufridos por esa zona, mantiene impenitente el aire imperial que la elevó en su día a capital del mundo. Columnas, restos palaciegos, foros, el Coliseo y demás vestigios permiten una idea aproximada de la magnificencia que esos caminos adoquinados tuvieron que provocar en sus antiguos visitantes que venían de pequeñas agrupaciones que en nada se asemejaban a la Roma Imperial. Incluso, hoy por hoy, provoca en el visitante esa sensación y hay que tener en cuenta que se trata únicamente de unos restos que han sido conservados convenientemente desde fechas recientes.



Por supuesto Roma cuenta con miles de rincones en los que la creatividad clásica, neoclásica y contemporánea se entremezclan para crear un espacio único en el que conviven diferentes épocas y estilos artísticos. Pero, Roma no sería Roma sin el pequeño estado Vaticano que ocupa parte de sus terrenos. Aquí es donde se produce otro de los momentos cumbres de la visita pero, no por lo que debiera esperarse, no por motivos espirituales, sino por la aberración que supone la ostentación que la Iglesia católica, apostólica y romana hace de los cientos de años de robos y fraudes que lleva cometiendo. Se trata, el conjunto del Vaticano, de una especie de templo gigantesco que lejos de conducir al recogimiento lleva a la reflexión sobre el mercadeo y negocio que la curia eclesiástica se trae entre manos. Llega a provocar vergüenza ajena la ostentación innecesaria que desde la sede del papado se realiza y lleva al recuerdo de las órdenes mendicantes que nacieron como respuesta a esta situación que, pretendían para el papa; la condición de siervo de los siervos de Cristo. Supongo que este último estará sorprendido pues, después de expulsar a los mercaderes del Templo, estos se reconvirtieron en sacerdotes. Ver para creer.

Nacho Valdés

El cine: arte e industria, ¿industria o arte?

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De la disyuntiva presente en la cuestión de arte o industria, ocurre que la determinación del concepto de arte nos lleva a contradicciones y supuestos diferentes en relación a una u otra concepción de aquél.
De esto, se deriva la percepción que podemos apreciar sobre la figura de director de cine: aquella cuyo valor es tal, que solo consigue permanecer en pie a costa de pasar por encima del trabajo de los otros, supeditando la acción del resto de los miembros del equipo a comparsas arbitrarias; de la otra visión, la de Hollywood, la del técnico que trabaja al servicio de la idea, al servicio del creador único y original, el escritor.
En ambas, o mejor, de ambas alternativas, nace la sensación de una falta de rigor conductual, que persiste en los circuitos más cercanos a la cinematografía, y eso incluye las escuelas de cine.
Es aquí donde la circunstancia de elegir entre el director-creador o director-trabajador, se hace más patente, y condiciona la tarea de enseñar a pensar en imágenes.
No se trata de coartar la inspiración, ni de ensuciar la práxis fílmica con ingentes cantidades de teoría manifiestamente vulgar, de lo que trata enseñar es de aprender a ver, aprender a ver matemática, ciencia, historia, y en nuestro caso, aprender a ver cine.
Y es en la enseñanza de la dirección cinematográfica donde se pone de manifiesto la falta de reflexión, sobre y desde, la propia profesión de director. Si los docentes no aprenden de la práctica cinematográfica, difícilmente conseguirán enseñar cine.

En relación a la industria, a la modernidad, al supuesto e hipotético yugo que ésta somete a la actividad artística, no es en vano reivindicar el papel del autor como defensor de la diferencia entre la industria del cine y otros sectores puramente industriales.
Si bien la industria cinematográfica existe y adorna de millones de dólares cada uno de los rincones que giran en torno a Hollywood, fundamentalmente, reducir el cine a la obtención de un saldo positivo en el balance de ingresos y gastos, sería frivolizar y reducir el concepto de arte, prácticamente a cenizas.
Siempre es (fue) necesario el dinero para crear y construir, desde los acaudalados reyes medievales, pasando por los mecenas renacentistas, la inversión demuestra la dificultad de crear, pero no justifica la desaparición de la actividad artística del panorama cinematográfico.
En la concepción de arte, de autor clásico, el cine presenta una transformación esencial, ya que aporta una visión distinta al concepto de autor: la de la multiplicidad. El director de cine es un autor multipersonal, no porque concurran varios autores en la dirección cinematográfica, sino porque éste ve ampliada sus funciones a todas aquellas que componen e intervienen en la estructura de construcción de una película.
Sobre esta idea, surge el interrogante más importante que se manifiesta en la figura del director de cine, la de concretar el concepto de dirección cinematográfica, discerniendo entre el control de una serie de técnicas, de la suma de conocimientos cinematográficos sobre el que aplicar esas técnicas.
De la respuesta, obtenemos diversos problemas que acontecen en la enseñanza del cine, en concreto de la dirección cinematográfica, y de nuevo, de la separación casi inmediata entre teoría y práctica.
Lo que queda perfectamente expuesto, es que bajo las instrucciones reflejadas en un manual no se alcanza la realización de una película, así como no es posible utilizar como herramienta única la intuición, para firmar un film: el hecho de rodar y concatenar planos, no debe ser considerado una película.

Por mi condición docente, y del medio audiovisual, de la relación entre cine y arte, y entre cine e industria, es posible escapar para aprender a enseñar cine. No obstante, la presencia de la reflexión en las profesiones cinematográficas, es una carencia que se trasmite desde la cinematografía hasta las escuelas de cine.


Sweet Corner Vol. 80

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La extraña realidad

Las explicaciones simplistas son, por norma general, las que más crédito alcanzan debido a la sencillez de los planteamientos que nos proponen. La división del mundo en buenos y en malos, en demócratas y totalitaristas o entre el mundo libre y el terrorismo fundamentalista provoca la escisión que supone el caldo de cultivo para los movimientos supuestamente liberadores. Estas corrientes encierran, bajo su barniz de radiante emancipación, un profundo interés partidista que disipa toda duda en torno a los propósitos de estas acciones que quieren salvarnos de un yugo invisible que no es más que humo alimentado por la clase política.
Uno de los problemas más acuciantes de la situación política actual es la bipolaridad que divide el orbe terráqueo. Tenemos, a un lado, la democracia occidental salvaguardada por los impolutos Estados Unidos y, por otro lado, el extraño y desconocido mundo islámico que parece estar al acecho de nuestros intereses. Pues en el discurso que preña nuestra ignorancia de odio y temor, esta facción religiosa es homogeneizada para que el desconocimiento del vulgo se convierta en resentimiento ante lo desconocido. Es decir, la información que tenemos acerca de esos pueblos viene siempre sesgada puesto que está supeditada a unos intereses superiores que vienen marcados a ritmo de talonario. Da la impresión, cuando se escuchan ciertas opiniones de que se trata de naciones cargadas de integristas dispuestos a decapitar al primer occidental que pase por ahí, de que está lleno de posibles terroristas que albergan la oscura intención de inmolarse para llevarse consigo a todos los defensores de la libertad a los que alcance la onda expansiva de sus explosivos. Y no olvidemos, dentro de la megalomanía que afecta a toda esta propaganda, esos grandes planes de destrucción masiva que mediante medios ilícitos acabarán desestructurando a la sociedad de las libertades. Es decir, el mundo occidental en el que vivimos.
Creo, y nadie me sacará de esta opinión, que pecamos de una visión etnocentrista de los hechos que nos lleva a obviar lo más importante de este asunto: solo los intereses de tipo económico o estratégico suponen el motor de estos supuestos movimientos liberadores. John Locke, Voltaire o Spinoza, todos ellos pensadores que murieron hace más de dos siglos, advertían hace tiempo que el Estado (en este caso globalizado) no puede más que regular la acción de sus individuos pues es asunto que recae sobre la legislación. Sin embargo, asumen la total libertad que debe reinar en materia de pensamiento y, con más énfasis, en aquellos asuntos que traten de algo tan sentimental como el de la confesión religiosa. Considero que este el problema en el que estamos cayendo; intentamos, desde nuestra supremacía militar, imponer formas de pensamiento en países lejanos con la excusa de la liberación pero con el oscuro fin de intervenir en el manejo de sus materias primas.
La foto con la que ilustro este escrito muestra múltiples lecturas y, a buen seguro que, dependiendo del bando en el que nos encontremos, éstas serán totalmente diferentes. Desde mi opinión, se trata del uso habitual que la potencia militar estadounidense (las nuestra al fin y al cabo pues estamos en el mismo bloque) realiza de la fuerza para liberar a todos aquellos que están sometidos por un régimen autoritario, aunque más bien parece que de lo que desean liberar a estos supuestos insurgentes es de la carga de vivir. Otros podrán opinar que se trata de una acción militar lícita contra unos milicianos que habían opuesto una feroz resistencia contra las pacíficas fuerzas de ocupación, incluso se puede observar el detalle de un fusil abandonado cerca de la puerta. Para muchos se tratará de la consecuencia lógica a las actividades que los integristas realizan para atacar a nuestro mundo democrático, ellos se lo habrán buscado dirán estos elementos. Pero, ¿qué pasa con el mundo árabe que está sometido a nuestros ejércitos? No lo sé a ciencia cierta, pero lo que tengo claro es que puesto que son como todos nosotros, sentirán la rabia y desesperación lógica del asesinato indiscriminado que se realiza a diario en estas esquinas del mundo alejadas de nuestro boyante estado del bienestar.
Yo creo que la pregunta principal para solucionar este asunto es la siguiente: ¿quiénes son los que crean y fomentan a los integristas? ¿Cuatro imanes chiflados que apoyan el asesinato o todos nosotros con nuestra ignorancia y pasotismo? La respuesta para mí es obvia, nuestra acción o inacción, según se mire, nos ha convertido en la mayor cantera de odio del mundo y mientras no dejemos de intervenir en las culturas y pensamientos ajenos esta situación va a seguir perpetuándose hasta que uno de los dos bloques sea aniquilado. Y si no, tiempo al tiempo.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 79

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Despedida de un ilustre

Ayer por la noche, viendo el programa del Gran Wyoming, recibí la noticia de que el Grupo Prisa se desvinculaba de manera definitiva del canal de noticias CNN +. El asunto, que no tendría mayor trascendencia en otras condiciones, reviste cierta gravedad pues uno de los damnificados por esta escisión es el periodista Iñaki Gabilondo. Este referente periodístico en español, unido de manera indisociable con el mundo radiofónico y, en los últimos tiempos, con el mundo de la imagen en formato televisivo fue objeto de una entrevista que me ha hecho cambiar en el último momento el motivo del escrito que tenía preparado para hoy.
Algo que me llamó la atención, aunque no me sorprendió dada la trayectoria de este profesional, fue el discurso equilibrado y cuajado de sentido común que enarboló durante su participación. Se me puede achacar que no se trata de algo extraordinario pero, si echamos un vistazo al panorama audiovisual actual, estos valores parecen en un claro retroceso. De hecho, uno de los puntos fuertes de su exposición, hacía referencia a la pútrida situación de los medios de masas. Consideraba, no sin pesar, que esto suponía un punto y aparte en su labor profesional y que, por desgracia, no había espacio para él en los deleznables espacios que están hoy por hoy en boga. Y es que un término antes respetado y vinculado con grandes figuras como es el de periodismo, está siendo desprestigiado por todos aquellos que se hacen acreedores de tal estatus sin tener ni un atisbo de inteligencia o diligencia. Como decía el bueno de Iñaki, son muchos los usos actuales de esa palabra pero, no por ellos, son todos válidos o tienen como referencia el sentido originario de la palabra. Y es una gran verdad, cualquiera que ponga la televisión y que se dé una vuelta por los programas actuales verá, no sin cierto hastío, que a estos pseudoprofesionales que viven de la sedición intelectual se les llena la boca cuando se autodenominan como periodistas. Y es que el gremio está pasando por épocas bajas y necesita, según mi opinión, una delimitación más clara de los parámetros de uso del mencionado término. Se ha convertido en un vocablo depauperado y manido que es arrojado como arma contra todo aquel que ose levantar la voz contra los líderes de la audiencia actual, esos que se hacen llamar profesionales de los medios informativos. Es por tanto una lástima que un caballero de la cultura y de la crítica profesionalizada no encuentre su espacio en los formatos audiovisuales de hoy en día, supongo que para lograr este hueco tendría que rebajarse a la discusión más barriobajera con personajes tan manipulados y estereotipados como Belén Esteban, de la que me he enterado que va a dar las campanadas de Telecinco acompañada por su marido. Pero este es otro cantar en el que me da una pereza infinita meterme.
La sobresaliente reflexión de Iñaki continuó con la afirmación de que su trabajo pasado le ha dado la oportunidad de no tener agobios de tipo económico y que, por este motivo, no estaba dispuesto a travestirse en un payaso de las ondas como los que campan en el campo informativo. Había llegado a la conclusión de que lo que debía hacer era encontrar un proyecto afín a sus capacidades y que éstas pasaban, según su intuición, por la educación de las nuevas generaciones y, quizás, en relación con alguna universidad.
Tras la breve entrevista me quedé con ganas de más, de conocer en mayor profundidad a este increíble profesional. Por sus palabras quedó patente que esto no va a ser posible a nivel público pero, quién sabe, quizás en futuro pueda asistir a algún curso o clase magistral de estilo impartida por este veterano artesano de la crítica política. Estoy deseándolo.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 78

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Usos de la imagen III

Para rematar la serie de artículos dedicados a la imagen y su funcionalidad, me gustaría tratar una de sus variantes más intrínsecamente humanas con las que se puede asociar. El asunto refiere, de manera directa, a uno de los instintos más genuinamente animales que el ser humano no ha sido capaz de soterrar bajo capas de cultura. Se trata del apetito sexual, que junto a la innata capacidad de supervivencia con la que contamos como cualquier otro ser vivo, supone uno de los principales motores universales a nivel social y biológico. Considero que la sexualidad o erotismo vinculado a la imagen ha sido un aspecto recurrente de la creación artística del ser humano, siendo una de las variantes de la creatividad indisociablemente unidas al género humano.



Como muestra de un primer ejemplo que aclare definitivamente esta variante funcional de la creatividad artística recurro a la Venus de Willendorf, encontrada en la cuenca del Danubio a principios del siglo XX. La pequeña escultura muestra a la que podría ser, según algunos especialistas, una especie de divinidad relacionada con la fertilidad. Una pequeña representación artística que, en la mayoría de casos, se relaciona con el coito en un afán meramente reproductivo y prácticamente funcionarial. Realmente, este tipo de interpretaciones del sentido de la imagen presentada son sumamente arriesgadas y se fundamentan en especulaciones sustentadas por profundas investigaciones del sentido último del objeto. Sin embargo, y sin pretender debido a mi desconocimiento del tema enmendarle la plana a nadie, considero que dicha hermenéutica del objeto va mucho más allá del sentido originario de la creación. Resulta cuando menos curioso que en cuanto nos metemos en la historia, cuando dejamos atrás las especulaciones en muchos casos vacías y la documentación habla por sí misma, nos encontramos con un tratamiento distinto de lo erótico. Hasta donde tengo constancia el uso que se realiza de la sexualidad a través de lo icónico se relaciona con lo placentero, lo pueril, lo pasional y la posesión del otro. Desde mi punto de vista el uso de lo sexual a través de la imagen se realiza con una pretensión nula de trascendencia y, en realidad, de lo que se trata es de dar rienda suelta en el ámbito privado de aquel deseo que por imposibilidad de satisfacción, bien sea por el tabú social o bien por la normativa vigente, no puede llevarse a cabo. Creo que la señorita de la imagen bien podría representar el oscuro anhelo de posesión de un personaje de baja jerarquía en el seno de una tribu de recolectores y cazadores. Es decir, tal como me gusta imaginar este ejemplo creativo, la mujer representada pertenece, dada la generosidad de sus carnes a un escalafón superior dentro del grupo. Por supuesto, la promoción en este tipo de sociedades no se realizaría por medio de las facultades intelectuales sino por las capacidades físicas que eran lo que permitían medrar frente a la naturaleza. Dadas las cualidades antropomórficas de la señorita en cuestión, pasó a formar parte del grupo de hembras elegidas para aparearse con el macho dominante y, puesto que el dominio en esta época venía dado por la capacidad de imposición ante los demás, la mujer pudo disfrutar de muchos y variados platos que la llevaron hasta el estado de obesidad que queda reflejado en la representación. El caso es que la muchacha acabó convirtiéndose, gracias a sus carnes abundantes, senos tremendos y muslos abotagados en uno de los primeros iconos sexuales de la historia. Puesto que la apropiación a través de la creatividad y la imagen es una posibilidad real, el artista, probablemente de escalafón inferior, tuvo que conformarse con un usufructo amatorio gracias a dedicarse al vicio de Onán; mucho antes de que éste fuese asesinado por Dios por desperdiciar su simiente.
Por lo tanto, lejos de las trepidantes interpretaciones que vinculan esta imagen con cultos perdidos, con la Madre Tierra o rituales de fertilidad considero que se trata de otro ejemplo más del uso lúdico que de la imagen se hace en lo referente a lo sexual.



Ejemplo aventajado de este tipo de creatividad es la del ámbito romano, que decoraban mediante frescos o incluso realizaban elaboradas talla fálicas para su uso y disfrute. Puesto que se trataba de una sociedad con mucho tiempo libre, las clases pudientes por supuesto, se entregaron a la satisfacción de sus apetitos e inclinaciones más naturales. Tengo entendido que fue tal el nivel al que llegaron que incluso el Imperio se tambaleaba ante las usurpaciones que se realizaban del erario público en pos de las satisfacciones más morbosas y complicadas. En el ejemplo que propongo se puede observar como mediante la técnica al fresco una estancia fue decorada por razón de una imagen que, probablemente, evocaba los juegos del dueño de la morada. Sobra la explicación en torno a la distracción que suponía para el que disfrutaba de esta pintura la presencia de la misma, es patente que este icono no tiene relacionado nada trascendente ni ritual. Lo que no me queda del todo claro es el papel del pobre esclavo que soportaba sobre su espalda a la mujer sobre la que cabalgaba su amo, ¿formaría parte del juego?

Nacho Valdés

LA ALDEA MALDITA: realismo español en el devenir cotidiano

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Fruto de la búsqueda de localizaciones para una película, Florián Rey encuentra el motor para desarrollar una nueva historia, aquella que relata los acontecimientos de una aldea que tras varios infortunios comienzan su forzado exilio. La aldea maldita arranca en un espacio tortuoso donde la lucha de fuerzas antagónicas adquiere formas reconocibles: lo rural y lo urbano, el hombre y la mujer, el rico y el pobre.
Durante la proyección de la película, se mantiene muy clara la idea de cine español, como transmisor de la idiosincrasia de un país, ofreciendo una panorámica muy precisa, y desde una perspectiva que pretende no desviarse del naturalismo; un realismo natural que no está exento de consecuencias negativas, pero que asemeja la dualidad campo-ciudad al concepto del bien y del mal, todo mezclado y adulterado por la constante presencia y acción del género femenino, encarnados principalmente en dos de los personajes principales.
Mi interés se centra fundamentalmente en dos aspectos, por un lado en uno de los grandes temas del film, la migración, cuya causa se fundamenta en una crisis económica fuerte, provocada por una cosecha devastada, y cuyas consecuencias alcanzan los comportamientos éticos y morales, bajo el trasfondo de un realismo cotidiano y rural. Por otro lado, no sólo lo que cuenta puede tildarse de moderno, sino que la manera de narrar busca recursos que posibilitan descripciones estrictamente visuales, con planos largos en tiempo y espacio, bien compuestos, utilizando recursos provenientes del expresionismo alemán o del cine soviético, como el juego de luces y sombras o las grandes composiciones generales repletas de referencias icónicas, en este caso bíblicas. 
Es por tanto, una realización fílmica que elude todo tipo de efectismo para buscar el estatismo, la inmovilidad en el movimiento de cámara y en el interior de los elementos que componen el plano, buscando y encontrando una sólida narración enclavada en el realismo, en este caso rural, contrapuesto, se intercalan los planos rápidos y los movimientos dinámicos en un entorno urbano antagónico al protagonista principal: el pueblo campesino, como personaje colectivo, sobrio, veraz y humilde.
Bien es cierto, que pese a buscar el realismo de manera perenne, sus continuas referencias bíblicas en forma de metáfora visual, le resta cierta veracidad al concepto de cotidiano, a pesar de usar estos recursos con sigilo e inteligencia visual (dicho lo cual, no es común en muchas películas actuales, y no sólo españolas); son numerosas las muestras neotestamentarias, como los nombres de los personajes femeninos, Acacia y Magdalena, el apedreamiento de Acacia o la cruz como símbolo.
Una muestra más de la importancia del contexto en el que se desarrolla el film, aquel que nos permite potenciar la idea de nacional, de identidad nacional, es Castilla, excelente bastión de la representación más castiza y nacional, esplendorosa antaño, ruinosa ahora: solo desde Castilla se puede renacer, y la demostración visual de esta idea se sucede de manera sistemática en la película.
Y en relación a Castilla, de nuevo aparecen muy diferenciados los espacios destinados a ocupar por el hombre y la mujer, así como los efectos que el comportamiento de cada uno tienen en la sociedad en la que discurren los personajes; la virilidad y la pureza del hombre, la degradación y la fertilidad de la mujer, representados por Juan y Acacia respectivamente, aportan la dicotomía de Castilla, su orgullo y recuperación, su ruina y decadencia, están relacionados con ambos personajes y de manera respectiva.
No es fácil interpretar estas dobles relaciones en una época, la de 1930, en la que el cine mostraba imágenes censuradas y cortadas por aquellos que consideraban a éstas en tentativa de dañar o alterar los pensamientos del pueblo, sobre todo de la mano de la iglesia católica; F. Rey consigue provocar la reflexión otorgando al censor “carnaza”, analogías bíblicas para contar una historia repleta de realismo, y que mostraba una imagen cruda y real de los problemas que sufrían en uno de esos pueblos españoles.

Por concluir, la aportación que desde La Aldea Maldita se hace al concepto de lo nacional, como cine perteneciente a un país, facilita la transmisión del concepto de cine como propaganda, en tanto en cuanto quita o confiere prestigio a las naciones contextualizadas y filmadas por las películas.
Pero desde la perspectiva técnica y artística, la película posibilita un lenguaje narrativo y visual repleto de sibilinas metáforas, puestas al servicio de la trama, de la consecución del argumento, hecho, que de obvio, es significativo en los tiempos que corren.

Giorgio
08/12/2010


Sweet Corner Vol. 77

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Usos de la imagen II

Es posible realizar un análisis de la imagen, desde un punto de vista funcionalista, desde diferentes ángulos y variantes. Todos ellos poseen un punto de verosimilitud aunque, en ocasiones, puedan, en un vistazo a priori, aparentar cierto antagonismo. Desde mi consideración se trata de funciones complementarias que se solapan unas a otras dando como resultado un compendio de disparidades que cubren diferentes espectros de la espiritualidad humana; o lo que es lo mismo, no existe un uso unívoco de la representación sino que éste es tan flexible como el de cualquier otro lenguaje.
Otra interesante aplicación práctica, que no totalmente consciente, de este formato expresivo es el de ser reflejo de la cotidianeidad. A mi parecer, el ser humano sufre una increíble cadencia hacia la normalidad, hacia el día a día y lo que sucede en su entorno. Uno de los motivos subyacentes a esta inclinación creo que se encuentra en el ansia de notoriedad y de pervivencia; me explico, considero que esta función se relaciona con la tendencia de los sujetos a dejar su huella en la historia. Este paso por el mundo, que se puede realizar desde un punto de vista individual, también puede efectuarse retratando el ambiente de la circunstancia en la que nos hayamos insertos. Se trata, por tanto, de una manera de dejar plasmada cierta notoriedad personal a través de la impersonalidad del ambiente. Algo que, aunque pueda resultar paradójico, cumple con los requisitos exigidos de la inmortalidad de la conciencia.



El primero de los ejemplos que propongo para reforzar el razonamiento expuesto es una pintura rupestre en la que el artista, ilustrando lo que podría ser su día a día, muestra una escena habitual de la idiosincrasia de su tribu. Se pueden distinguir los diferentes estamentos que componen la comunidad, divididos ya, desde tiempo pretérito, en géneros puesto que, en apariencia, la composición está estructurada en un grupo femenino y otro masculino. Parece que las féminas se dedican a la celebración, de manera despreocupada, como si asistiesen a algún tipo de recibimiento ritual que muestra la alegría de la caza. Mientras, el otro grupo, se dedica con sus herramientas y ornamentos en la cabeza, a la preparación de la carne para su posterior consumo. No me queda claro, quizás nadie lo pueda saber a ciencia cierta, si el otro animal que no está siendo manipulado es alguna bestia doméstica como un perro o, por el contrario, se trata de otra pieza cobrada que espera su disposición para el previsible banquete. No hay duda de que, lejos de idealizar, lo que se pretende en este caso es plasmar lo banal de la dinámica diaria y de esta manera conseguir su pasaporte a la posteridad.



En la pintura medieval que acompaña el escrito se muestra, reforzando el primer ejemplo gracias al salto temporal que se produce entre una y otra escena, otra práctico signo de lo que podría suponer un día especial en una ciudad con acceso al mar. Puesto que las comunicaciones navieras supondrían una fuente de ingresos de gran importancia, queda moldeada la importancia de dicha eventualidad en la procesión de personas que se acercan a la embarcación para realizar la carga o descarga de las mercancías que supondrán la principal fuente de subsistencia de la urbe medieval. La acostumbrada escena para los autóctonos queda magnificada y trasciende su sentido originario gracias a la representación del artista que, al traducir lo habitual en representación artística, logra con esta conceptualización superar lo fútil de un momento que con toda seguridad se produciría de forma cíclica. Lo que hasta ese momento era algo que no llamaba la atención se convierte, gracias al buen hacer del sujeto que realiza la obra, en un momento que se detiene y va más allá del individuo particular que no tendría mayor peso en el devenir de los hechos si no fuese por el uso de la imagen que ha hecho efectivo el creador del Medievo.



Como último paradigma he querido rescatar una película que me fascinó precisamente por lo cotidiano, al tiempo que trascendente, de su planteamiento. El fotograma muestra a un grupo de hombres que, en apariencia con gran formalidad, discuten sobre algún asunto de importancia. Y eso es precisamente lo que sucede; un hecho cotidiano, como puede ser el de la dilucidación por parte de un jurado popular de la inocencia o culpabilidad de alguien anónimo (algo que sucede todos los días en algunas partes del mundo) se eleva a la categoría de extraordinario gracias al uso de la imagen. Doce hombres sin piedad que pasarían al olvido si en sus manos no estuviese la vida de otro sujeto, algo, que como decía antes sucede todos los días en algunas partes del mundo.

Nacho Váldés

Sweet Corner Vol. 76

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Usos de la imagen

Dentro del infinito mundo de la creación y, más concretamente, en el aspecto apoyado y soportado por la imagen se dan una increíble variedad de usos que deforman la realidad para que sea subjetivada por el ser humano. Es, por tanto, un rasgo antropológico el hecho de la manipulación del medio a través del color, de la forma y de la representación. El primer aspecto que se me antoja fundamental dentro de esta transformación a nuestro antojo es el de la interpretación de los anhelos, intrínsecamente humanos, a partir de la exageración o grandilocuencia de lo expresado mediante la obra artística. Se trata, a mi entender, de plasmar un horizonte prácticamente inalcanzable que idealiza nuestro deseo para que, de esta manera, quede firmemente anclado en nuestro inconsciente y se convierta en objeto de persecución por la acción práctica de los individuos. Se logra, a través de esta hermenéutica de lo circundante, subjetivar el objeto de deseo con el fin de hacerlo más accesible a la conciencia y así colocarlo como referente al que dirigirse. Son varios los ejemplos históricos que considero dejan patente lo que, con mayor o menor fortuna, intento explicar.



El primero de ellos encarna la figura de un bisonte en una pintura rupestre perteneciente a la Cueva de Altamira. En esta imagen, que podría considerarse como cotidiana, interpretó que lo que el primitivo sujeto que la plasmó intentaba era subliminar aquello que se correspondía con lo que su estirpe consideraba como deseable. En este caso, y dado que nos encontramos en los momentos previos a la civilización, son las necesidades básicas las que suponen ese horizonte para dirigir la acción común. Las funciones tróficas, imprescindibles en el ambiente en el que se movía este pretérito artista, son las que marcan la dirección para el signo creado. Nos encontramos no ante un bisonte cualquiera, sino ante el animal por excelencia que uno de estos sujetos desearía encontrar para alimentarse. La interpretación del artista muestra a una bestia apetecible, bien alimentada, con un pelaje perfectamente definido y con una musculatura amplificada debido a la textura de la caverna. Con toda probabilidad, y sin ser especialista en la materia, resultaría realmente dificultoso el encontrarse con una pieza de este calibre durante una cacería. Se trata por tanto, del deseo subjetivado de cualquier ser humano perteneciente a esta época.



En el segundo ejemplo, un pantocrátor bizantino, también se ejemplifica, desde mi punto de vista, la argumentación que estoy defendiendo. En esta etapa histórica, con las necesidades básicas cubiertas, el horizonte de creación y de codicia se eleva por encima de lo mundano para recaer en la figura de Dios. Pero, ¿qué es este Dios si no una representación exagerada y elevada del propio hombre? Nos topamos de esta manera ante el intento ingenuo de elevar al ser humano a los altares divinos, de hacer de la inseguridad propia de la época, en lo referente a la dimensión humana, algo seguro representado por el Padre que juzga y valora nuestra propia vida. Se trata, de esta forma, de la incrementación, hasta su máxima expresión, de las propiedades que, de suyo, corresponden al hombre. Este proceso provocaría, sin lugar a dudas, una sensación reconfortante para los seres humanos de esta época medieval.



Por último, llegando al siglo veinte, presento un fotograma de la película Cuando Harry encontró a Sally, una de las comedias románticas por excelencia del cine contemporáneo. En este momento de la historia, superadas nuestra manutención y nuestras inseguridades en relación a nuestras posibilidades como sujetos, lo que se idealizan son las relaciones interpersonales. Se plantea así otro horizonte, igual de inalcanzable que los anteriormente propuestos, y que supone de nuevo una guía para la acción práctica. Lo que se manipula y se engrandece es la parte sentimental del hombre, aquello que en los tiempos actuales preocupa y provoca en ansia de todos los mortales. Por supuesto la representación que se realiza con esta película manipula la realidad para intentar alumbrarnos con lo que se supone que deben ser las relaciones de pareja perfectas; primero el encuentro, después el desencuentro, la amistad y, en último lugar, el amor verdadero. Quizás sea ésta la más indeseable de las sublimaciones pues provoca la distorsión de nuestro día a día y hace del amor de película una quimera inabarcable, ¿quién sabe qué nos depara el futuro de la manipulación a través de la imagen?

Sweet Corner Vol. 75

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Los enormes vacíos de la vida

Parece que este año ha sido especialmente duro en lo relativo a las pérdidas ocasionadas por la parca, son muchos los que se han ido y grande el vacío que han ocasionado. La pena y el pesar es profundo, sobre todo cuando aquéllos que nos dejan son cercanos, pero en ocasiones, a pesar de la lejanía del sujeto, la identificación para con su legado provoca en nosotros una turbación que nos confunde el alma.
Esta semana le ha tocado a Luis García Berlanga, no es que fuese algo extraordinario puesto que era una persona mayor, pero sigue resultado sorpresivo puesto que se trataba de una especie de leyenda a la que parece que nada podía afectar. Lejos de la figura que se había creado gracias a su trabajo, se puede afirmar que siempre pervivirá el legado cinematográfico que rompió en su día moldes y que consiguió hacer avanzar el cine patrio en direcciones hasta ese momento desconocidas. He de reconocer que no soy estudioso de su filmografía y que a buen seguro me dejaré en este texto muchos aspectos en el tintero, pero creo que desde mi desconocimiento siempre puedo aportar algún elemento revelador o tendente a la reflexión.
Como muestra definitiva, no de su cine, sino de su inteligencia literaria, me gustaría resaltar el hecho de que fue un director y guionista que fue capaz de sacar sus trabajos a la luz en época del franquismo más férreo e intransigente. Con el mérito añadido de tocar temas que hasta el momento habían desertado de las temáticas más convencionales que se trataban, asuntos como el pauperismo congénito que sufría la sociedad española, nuestra claudicación ante las potencias extranjeras o la pena de muerte que sesgaba la vida de aquéllos reos que según los parámetros de la época así lo merecían. Esos son los tres pilares sobre los que soporta mi conocimiento de este artista: Plácido, Bienvenido mister Marshall y El verdugo.
Cada uno de estos films, desde un punto de vista cargado de una fina ironía que ni los censores fueron capaces de destruir, abordan temáticas que preocupaban a la sociedad española del momento. Plácido, combinando con maestría el drama y la comedia, nos presenta una situación más que posible en la que los estratos sociales de la España deprimida se definen de manera clara y patente. Una gran cantidad de ciudadanos sometidos por la pobreza y la dictadura podrían verse identificados en el desgraciado Plácido que, mientras es utilizado como moneda de cambio, él únicamente quiere que le paguen el transporte en motocarro para el que le habían contratado. Toda una metáfora que bien podría llevarse hasta el día de hoy.
Después estaría la gran Bienvenido mister Marshall, que haciendo una alusión al hermano mayor americano, que ya había bloqueado y desbloqueado al Estado Franquista, nos presenta la suficiencia con la que esta esquina del mundo occidental era tratada por las potencias pujantes en ese momento y, desde luego, en el mundo contemporáneo. La alegoría que Berlanga presenta en forma de visita de un notable ciudadano americano a una zona rural española bien podría extrapolarse al uso que del territorio español se hacía para la imposición de bases militares, prácticas de corte castrense y demás intereses estratégicos del gigante del otro lado del Atlántico.
Y la que más me gusta y me enamoró hace tiempo, la historia de los pobres ejecutores que en España, para labrarse un puesto en la administración pública, tenían que romper el cuello mediante garrote vil de aquéllos que la justicia consideraba que así lo necesitaban. El grito en contra de este salvaje castigo está presente en toda la película pero, como marca de la casa, recubierto de un envoltorio en forma de comedia que volvió a despistar a la inquisición censora del momento. Como elemento de recuerdo de otro de los grandes desaparecidos recientemente, decir que el reo que iba a ser ejecutado mientras el verdugo prácticamente se desmayaba al final de la película era Manuel Alexandre que hacía uno de sus primeros papeles en una carrera cargada de éxitos.
Desde aquí, simplemente quería revalorizar y recordar el trabajo de estos dos grandes albañiles del cine español, espero haberlo logrado.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 74

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Entre brumas

Leyendo acerca de la muestra que el Metropolitan de Nueva York dedica a Stieglitz, fotógrafo al que creo recordar que ya se le han dedicado unas líneas en este espacio, tuve la oportunidad de observar la imagen que acompañaba al artículo. Ésta, que adjunto a mi escrito para una mayor claridad, me resultó especialmente cautivadora y con un aire arcano que me ha empujado a la confección de esta entrada. Desde un punto de vista aficionado, pues mi formación no incluye la disciplina fotográfica, intentaré dar mi punto de vista sobre este icono que considero tiene múltiples elementos representativos.
El autor de la foto, neoyorquino de nacimiento, aunque de formación europea y tipo viajero que recorrió el viejo continente, dejó un legado que ahora resucita en forma de retrospectiva. La muestra artística que presento nos traslada a una época en la que se conjugaban elementos que, sin lugar a dudas, era motivo de fascinación para las personas que experimentaron los inicios del siglo veinte. Hablo del abigarramiento de componentes que confluyen en este trabajo y en los que, con probabilidad, ni tan siquiera Stieglitz había reparado. O quizás yo, en mi infinita soberbia, pienso que este artista no sabía exactamente lo que hacía mientras que él sí que veía con lucidez el alcance de esta obra.
El elemento que más me ha llamado la atención, que pienso sólo se puede apreciar desde nuestra época, es la confluencia de la modernidad que nacía con el mundo clásico que se evaporaba. Esta composición a eso me recuerda, esa neblina parece ser el siglo diecinueve que se confunde con el humo industrial de la pujante y masificada urbe del nuevo mundo. Como simbolismo ineludible del siglo que acababa se encuentran los coches de caballos con sus chóferes que recorren el camino a la industrialización, en segundo plano, haciendo desaparecer el anacronismo está la imponente estructura del edificio Flatiron. Éste último, se convirtió, con su inauguración en 1902, en uno de los referentes del creciente skyline que comenzaba su puja para alejarse de los tiempos pretéritos que daban sus últimos estertores. Supongo que para Stieglitz, que había recorrido los caminos europeos cuajados de recuerdos del ayer, su ciudad natal que estaba prácticamente recién nacida con respecto al viejo continente, se mostraba imponente y poderosa frente a la tradición. Resulta inevitable este contraste entre Manhattan, poderoso buque insignia del estado del bienestar americano, con la anticuada calesa que recorre un camino probablemente mal pavimentado. Incluso, esa bruma que todo lo envuelve, esa humedad patente en toda la imagen, parece transportarnos al Londres victoriano cuyo recuerdo se rompe en pedazos con el ascenso imparable del increíble rascacielos que suponía una novedad mundial para la época en la que fue realizada esta fotografía. Por último llaman mi atención esas ramas retorcidas que dan la impresión de reclamar para sí la desorbitada ciudad en continua pujanza, algo así como una naturaleza sometida los deseos imparables e irrefrenables del hombre moderno que transforma lo tradicional a su antojo.
Este enigma que parece recubrir este trabajo creo que se resuelve en ese salto que provocaría en el orbe la entrada en el siglo veinte, la ingente cantidad de cambios que se avecinaban parecen estar representados en ese carruaje que se pliega ante el poderío del acero y el ladrillo. Ahora, más de cien años después de este momento congelado, la cultura continúa basculando entre modernidad y tradición sin que, a pesar de todas las novedades, nuestras vida haya cambiado sustancialmente.

Nacho Valdés

LA CIENCIA HERMÉTICA VOL.8

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XLVI

Esquizofrenia y nihilismo

el martirizante estrépito

de las atronadoras gargantas de la demencia.

Vadear por el fondo del abismo

sin noción de frontera alguna

mientras la memoria gira y gira

sobre un péndulo de astros enloquecidos.

Miríadas de constelaciones caóticas,

dos pequeños pies anclados en tierra,

un único Dios.

Resistir las hemorragias del tiempo

y señalar un horizonte heroico.

La resurrección es un mito,

contemplemos su parte de realidad.

L LA REALIDAD IMPERFECTA

Nosotros.....

momias con grilletes,

colegialas a medio vestir,

andrajosos bajo la luna;

la realidad imperfecta,

bastarda réplica de otra superior.

Las galaxias sobre nuestras cabezas

pero la gravedad nos sustenta,

pues en los genitales del mundo

el vértigo no acecha;

la realidad imperfecta,

bastarda réplica de otra superior.

Trovadores del desierto,

nuestro eco es nuestra estrella,

mientras los astros deliberen

aquí nos extinguiremos;

la realidad imperfecta,

bastarda réplica de otra superior.


Melmoth

05/11/2010

Sweet Corner Vol. 73

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Memento

Creo, aunque no estoy seguro pues posiblemente lo haya olvidado, que a lo largo de los años son más las historias e ideas que ido relegando a un oscuro rincón de mi memoria que las que han visto la luz. Es un hecho constatado el que si no apunto los pensamientos que van atravesando mi mente estos desaparecen y se convierten en algo tan etéreo que dan la impresión de disolverse para no volver a dar señales de su existencia pues, al contrario de los concentrados, que si son desecados permiten la reaparición de sus componentes, en el intelecto lo que se confunde no suele regresar de allá dónde se encuentre. Es este el motivo por el que llevo siempre conmigo un pequeño moleskine en el que apuntar las ocurrencias, el problema viene dado por la falta de hábito y constancia para el apunte de estos asuntos. Me ha sucedido en infinidad de ocasiones el estar tumbado a punto de dormirme o, simplemente haciendo algo alejado de mi libretita y que mi cabeza empiece a bullir sin que mi cuerpo sea capaz de dar los cuatro pasos necesarios para realizar el acto de escribir lo que se me ha ocurrido. A pesar de la lucha que mantengo conmigo mismo para autodisciplinarme, para lograr realizar estas pequeñas tareas cotidianas que a veces tan tediosas resultan. Tengo el convencimiento de que, cuando me veo estéril de historias, si pudiese retrotraerme y redescubrir aquello que ya se me había ocurrido tendría un manantial prácticamente inagotable para escribir.
Una de las particularidades de estos descuidos es que, por lo menos cuando tengo un vago y difuso recuerdo de ellos, es que me da la sensación de que se trataba de algo genial e irrepetible. Siempre, a pesar de que no tengo ningún dato más preciso, creo sospechar de que lo que se me ha escapado es una de esas “ideas del millón de dólares” de las que hablaba hace una semana. Esta impresión no tengo ni idea de a qué responde pero quizás se trata de una evocación distorsionada por la pérdida o la distancia, o simplemente sea una especie de mecanismo de defensa que mi propia psique desarrolla para hacerme consciente de la necesidad de grabar de alguna forma esos fugaces momentos que nunca volverán a repetirse.
La excusa principal que suelo utilizar para no hacer el mínimo esfuerzo de apuntar las cosas es que, cuando tengo la ocurrencia, me parece tan sobresaliente que tomó la determinación de que algo tan estupendo es imposible que se me olvide. Esto también es algo que he ido aprendiendo, siempre que algo me parece increíblemente estable puesto que se trata de algo que se me antoja como único, resulta que se escapa a ese limbo donde parecen habitar miles de historias que nunca escribiré. Esto ya lo voy aprendiendo y cuando algo tiene estas características suelo correr a escribirlo para que pueda acceder a ello después aunque, curiosamente, cuando vuelvo sobre mis pasos orgulloso de haber cumplido con mi disciplina personal, caigo en la cuenta de que no se trata de algo tan especial como yo creía.
Esta serie de paradojas me han llevado al punto donde me encuentro, al desarrollo de un artículo que está basado en un olvido, pues debo confesar que el otro día se me ocurrió algo que consideraba ilustre para este espacio pero que, debido a mi pereza congénita, no apunté y desapareció con la misma rapidez con la que apareció. El caso es que todos los tópicos de los que he ido hablando se fueron cumpliendo y, uno por uno, cumplí todos los requisitos que me llevaron a estar totalmente falto de ingeniosidades. Como esperé y el argumento para el escrito no volvía he intentado hacer de la falta un valor y convertir esa lacra de constancia en el motivo del artículo. A pesar de haber quedado satisfecho con el resultado, añoro ese pensamiento con el que intentaré reencontrarme.

Nacho Valdés