Sweet Corner Vol. 92

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Lugares de interés

La dos, ese reducto de calidad que todavía se puede encontrar entre la decadente oferta televisiva, está ofreciendo una serie de documentales históricos que considero deberían ser de visionado obligado para toda persona que se precie de poseer una cultura, al menos, mediana. Por lo menos en mi caso, aunque la temática está más que manida, me está permitiendo entender y aprender numerosos aspectos desconocidos acerca de la Segunda Guerra Mundial.
La oferta documental, de la que ha en múltiples ocasiones he alabado su capacidad didáctica, comenzó hace ya un par de meses con el documental francés (repartido por entregas de cincuenta minutos) Apocalipsis. Este trabajo impecable y objetivo tiene la novedad, pues el metraje sobre este período es inabarcable, de contar con muchos minutos inéditos proporcionados por las cámaras oficiales de los ejércitos que participaron en la tremenda contienda. Desde mi punto de vista, obviando la elegante narración cronológica que nace en 1939 y llega hasta el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón (que curiosa paradoja histórica la que se está produciendo en estos momentos) de 1945, el gran valor que supone esta producción es el nuevo punto de vista que ofrecen las cámaras amateur de los integrantes del ejército americano, francés, alemán y ruso. Ese era un punto de vista al que no se había llegado pues, a mi entender, la mayoría de trabajos anteriores estaban apoyados sobre un fondo fílmico limitado y que obligaba una y otra vez a volver sobre los lugares comunes que todos ya conocíamos. De todas formas, e independientemente de la gran cantidad de imágenes que ya existían, destacan las que he estado visionando por suponer un acercamiento más humano y personal a la contienda. Se trata de una amalgama de punto de vista personales que podríamos identificar con cualquiera de nosotros, gente normal inserta en una situación extraordinaria por lo caótica y complicada que se volvió. Personas que desempeñaban sus funciones civiles en sus respectivos países y que acabaron luchando contra una amenaza abstracta y distorsionada que venía publicitada desde sus Estados. Estos individuos anónimos de los que no quedan casi vestigios, a los que ni tan siquiera se puede incluir en los créditos finales, resultaron ser trascendentales casi medio siglo después para comprender una guerra que casi acaba con la civilización tal y como la entendemos. Me resultó especialmente llamativa la última entrega en la que, a modo de homenaje a estos héroes anónimos, se ofreció una muestra del trabajo que realizaban estos abnegados e inconscientes documentalistas (digo inconscientes pues probablemente no conocían el calado de la función que estaban desempeñando y, desde luego, no albergarían ninguna intencionalidad divulgativa). En los últimos minutos de metraje el espectador se hace testigo de cómo los cámaras de guerra tenían que dejar el fusil a un lado para, con su pesada cámara cinematográfica sobre el hombro, lanzarse a por una buena toma esquivando los disparos enemigos.
La segunda oferta del canal minoritario y que se ofreció a continuación del ya mencionado Apocalipsis, fue la serie documental titulada Cazadores de nazis. En esta ocasión, y como su nombre indica, se centra en la labor de anónimos y sacrificados civiles que dedicaron su tiempo, dinero y esfuerzos a la persecución de aquellos gerifaltes alemanes que, ante la cobardía de quitarse la vida, huyeron camino de tierras más prósperas como las de Sudamérica. También hay un tratamiento muy pormenorizado del papel que cumplió el Estado de Israel, de las ejecuciones sumarísimas a las que condenaron a ciertos integrantes del ejército nacionalsocialista o de la deportación obligada y furtiva que realizaban con algunos de los más sanguinarios asesinos del terrible período en el que el nazismo alcanzó el poder y amenazó al mundo entero. Por otro lado, se denunciaba la ambivalente posición americana que lo mismo perseguía a un miembro del ejército alemán que le ofrecía trabajo y refugio. Como siempre, algunas potencias se dedican a pescar en río revuelto.
De todas formas, lo más emocionante de los trabajos que recomiendo es la función realizada por los anónimos cámaras o perseguidores de asesinos que, sin que su nombre brille en luces de neón, han hecho de esta civilización occidental un lugar en el que merezca la pena vivir.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 91

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La volátil fortuna

La vida se me antoja en ocasiones como una especie de montaña rusa en la que las subidas y las bajadas se suceden a una velocidad de vértigo pero, salvo algunas excepciones, toda vida que sea de alguna manera ordenada y con una intencionalidad clara acaba conduciendo, como en la atracción que sirve de símil, a aquel lugar estable que es el andén en el que se toma el vertiginoso vagón. En otras palabras, y sin pretender caer en esoterismos, los actos que realizamos acaban llevándonos hacia el lugar en el anhelamos caer o, por rocambolescas coincidencias, caemos en el lugar que deseamos sin saberlo. El caso es que los hados del destino, tras arrebatarme algo muy deseado, me ha devuelto una pequeña compensación en forma de una asignatura que impartiré el año que viene en el Colegio en el que doy clases.
Mi cadencia hacia lo audiovisual está más que demostrada y ejemplificada, por ejemplo, en los presentes escritos y ahí es donde he recalado pues es Cultura audiovisual la nueva materia que impartiré el próximo curso a los alumnos de primero de bachillerato. Se trata, por llamarlo de alguna manera, de una pequeña compensación pues las sombras en los últimos tiempos superaban a las luces pero, sin pretender caer en dramatismos, supongo que será síntoma inequívoco de lo que pretende con mi vida y una especie de traducción de adonde mi acción me lleva. La cuestión es que me siento preparado y motivado para llevar a los jóvenes de dieciséis años al descubrimiento, dentro de las limitaciones horarias, técnicas y culturales, del mundo audiovisual que tanto tiene que ofrecerles y con el que a buen seguro se sienten más identificados que con otros medios expresivos.
Es de sobra conocida mi postura educativa en relación al cine y demás medios expresivos relacionados con la imagen; considero que se trata de una dimensión que no sólo resulta accesoria para la explicación de ciertos aspectos teóricos o sentimentales, más bien se está convirtiendo, prueba de ello es su inclusión en el bachillerato artístico, en un compendio de conocimientos cada día más necesarios para el movimiento en las sociedades contemporáneas. Hoy por hoy, independientemente de los medios expresivos clásicos que considero deben seguir presentes, el vehículo comunicativo basado en la imagen debería estar presente en todo currículo educativo de relevancia. Sea cual sea la vertiente de estudios que se acometa creo que una base en educación cinéfila, televisiva, de marketing basado en la imagen, fotografía y demás asuntos relacionados tendría que estar presente para que se nos permitiese comprender de forma más diáfana el mundo que nos rodea.
Dicen que la información es poder, que el que maneja los medios maneja a la ciudadanía y, en cierta manera, estoy de acuerdo con estas rotundas afirmaciones. Está claro que un medio tan escueto como éste no permite el debate pero, salvando algunas complicaciones derivadas de dichas aserciones, se puede decir que de forma generalista son ciertas. El caso es que la desinformación o información o como quiera llamarse está basada en el uso de los medios audiovisuales más actuales y el conocimiento de los mismos, incluyendo su estudio en el currículo de materias obligatorias, permitiría formar de forma más firme a los ciudadanos del mañana que podrían de esta manera fomentar su intelecto crítico desde el interior de las últimas tendencias expresivas. Se hace de esta forma imprescindible el conocimiento, a través del cine, televisión, publicidad y demás formas audiovisuales del medio que nos rodea y, por otro lado, debemos tener la capacidad de discernimiento necesaria para saber discriminar aquella información que puede llegar a resultar perniciosa si es manipulada por manos amigas de la confusión.
En definitiva, pretendo ofrecer un paso más en la formación de mis alumnos apoyándome en la cultura audiovisual clásica y contemporánea gracias a la que conseguirán las herramientas adecuadas para aplicar su intelección a los medios expresivos del futuro.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 90

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El principal motor

Toda creatividad, movimiento social o cualquier otra dimensión humana tiene como estímulo un elemento que es el único capaz de convertirse en motor de cualquier aspecto de los que nos afectan como seres humanos. A nivel colectivo, cultural, político, apolítico, racional o irracional todo nace de nuestra psique, de las creaciones de nuestra mente de las que no podemos escapar independientemente de que sean éstas más o menos elaboradas. Es, por tanto, el concepto el ingrediente fundamental que permite que la historia progrese o involucione o cambie, da igual la dirección que tome nuestro destino pues todo se rige por la idea, por el concepto o por la suma de una gran cantidad de estos.
Ejemplos hay a miles pues, tal y como defiendo, toda dialéctica referida a los sujetos o a las creaciones de estos está motivada por el contenido mental que, de una u otra manera, actúa como acicate que nos permite dar un paso detrás de otro para alcanzar los objetivos perseguidos. Si no fuese por esa primitiva explosión, por el detonante intelectual que nos lleva a la consecución de ciertos fines, no podríamos ni tan siquiera hablar en los términos en que lo estamos haciendo. Es, por lo tanto, indisociable de nuestra naturaleza el hecho de que todo movimiento comienza a nivel intelectivo para después llegar al mundo físico.
En primer lugar me gustaría destacar el concepto que llevó a la construcción de las pirámides de Egipto, algo que a mí me resulta fascinante. Y esto a consecuencia de su tamaño colosal, no por otro motivo. Es decir, me llama la atención de manera superlativa el hecho de que un pueblo dedicase gran parte de sus esfuerzos, economía y vidas de sus componentes a la construcción de una estructura piramidal a base de enormes cubos de piedra que debían ser transportados desde enormes distancias para alcanzar su emplazamiento definitivo. A resultas de estos esfuerzos tenemos una de las estructuras humanas más exageradas, grandilocuentes y, por cierto, dedicadas a unas personas que eran tratadas como deidades. Lo que me apasiona de este asunto es la tarea que supone el desarrollo de una cultura teocrática en la que una familia noble es emparentada con los dioses y a los que se les rinde pleitesía de manera tan grandiosa como para llegar a construirles unos panteones en los que se hipotecaba toda una civilización. El punto de partida sería el de la justificación del poder en base a la divinidad, de ahí se pasaría a una devaluación de esa idea que sería creída incluso por sus propios artífices y, por último, sería todo un pueblo el que estaría convencido de la necesidad de tamaño esfuerzo. Todo esto, independientemente de los trabajos forzados y esclavitudes, habría nacido de la mente de un grupo de personas cuyos conceptos son heredados y distorsionados por las generaciones posteriores hasta llegar a un clímax que acaba disolviéndose en la historia.
Otro asunto también llamativo es el de las revoluciones, aquellos procesos violentos en los que los individuos se juegan la vida en pos de la consecución de unas metas abstractas como pueden ser la libertad, la fraternidad y la igualdad. Estas representaciones que nacieron de la mente de algunos filósofos comienzan como el primer estímulo que hace que un buen día, probablemente tras una profunda crisis, la ciudadanía decida vencer sus instintos de supervivencia para, con la única herramienta de la cantidad numérica, echarse a la calle para alterar el orden de las cosas. En este caso también me resulta especialmente destacado un acto de redención de cariz tan peligroso y que esté motivado por una serie de pensamientos de unos señores que no están presentes y que únicamente han dejado estas reflexiones por escrito.
Pues esto, solo que funcionando a otros niveles y con otras consecuencias, es exactamente lo que sucede con la creación artística. De hecho, este mismo escrito nace un pequeño estallido que me llevó a escribirlo en mi cuaderno para el día que me puse frente al ordenador releerlo, alterarlo y ajustarlo a lo que en el momento de la escritura consideraba. De efectos limitados, esta idea se trasmite y llega al lector que recapacita y piensa sobre lo que afirmo para, con ayuda de su experiencia personal, llegar a sus propias conclusiones que serán más o menos parecidas a las mías. Y si estas nociones las pasamos al lenguaje audiovisual y de una pequeña idea apuntada en una libreta se crea un película en la que se emplean decenas de personas y ese film se proyecta en miles de salas de cine del todo el mundo nos encontramos, sin lugar a dudas, con el arte como motor de la historia contemporánea.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 89

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La clase dirigente

El refranero español que, aunque manido y algo cursi tiene respuestas para todo. Dice que cuando las barbas de tu vecino veas recortar, pongas las tuyas a remojar. Es decir, que si ves problemas en algo relacionado con lo que tú haces que estés al loro pues posiblemente te veas inmiscuido. Es por todos sabido, a no ser que alguien haya estado orbitando en la estación espacial internacional o explorando las selvas vírgenes de Madagascar, que se están produciendo una serie de cambios políticos allende del Estrecho de Gibraltar (es decir, a la vuelta de la esquina) y que nadie parece darse por aludido. No quiero decir que en el mundo democrático europeo debiera suceder algo parecido pues estamos en una situación bastante más desahogada, pero lo que es una realidad es que algunos asuntos deberían ser revisados.
De todas formas, independientemente de que no estemos bajo un gobierno totalitarista de corte militar no tenemos motivos para aguantar los desmanes de nuestros dirigentes y de la clase política. Da la impresión en los últimos tiempos, o quizás siempre, hemos sido dirigidos por una serie de cretinos que nos convierte, a los ciudadanos, en rebaño de estos inútiles que intentan dirigir sus destinos más que los del país. Ahora que se ha producido la revolución digital, que la imagen llega a todos los rincones y todo lo descubre, parece ponerse de manifiesto la vulgaridad, bajeza y falta de moral que acompaña a los grupos políticos que se reparten el pastel del poder. Pues lejos de ejercer autoridad, lo que hacen es un ejercicio de poder en el que gana el menos malo. Por lo menos esa es la sensación destilada que recojo cada vez que veo un informativo, escucho una noticia de radio o leo la prensa. Es tal la mediocridad, la falta de elocuencia, de ingenio y de soluciones que parece que la única posibilidad es decantar nuestro voto de manera visceral y sin caer en el estudio o análisis de lo que se propone. Puedo asegurar que llevo meses sin escuchar un comentario inteligente por alguno de los pertenecientes a la élite política de este país, quizás deberían dejar hablar más al ministro Gabilondo que se me antoja un remanso en el torbellino gubernamental.
El caso es que lo único que se impone, lejos del interés público, de la defensa de la res publica, es el ataque al contrario para, mediante su desprestigio, lograr alcanzar el tan ansiado poder. Una vez situados en ese lugar principal, qué es lo queda por hacer. Pues lo que suele suceder es que se deben aguantar las embestidas del grupo opositor para que el desprestigio no lleve a los niveles que provocan la pérdida del poder. Además, considero que en el mundo occidental lo que se impone es una imagen asociada a un tímido ideario que no deja de ser cuatro banalidades descargadas de cualquier pretensión intelectual. Es por esto que los militantes pertenecientes a uno o a otro grupo son fácilmente identificables pues ellos mismos llevan un estilo de vida desprovisto de pretensiones políticas, se trata casi de una moda que hace que uno sea aceptado en un determinado ambiente. Puede sintetizarse en una cuestión estética: la militancia hoy por hoy es un tema de imagen.
No dudo de la legitimidad y sinceridad de aquellos que están metidos en política, sobre todo de los colectivos de base que son los que llevan muchas veces el peso del trabajo, pero pasados ciertos niveles todo se vuelve confuso y corrupto y es difícil saber dónde empiezan unos intereses y acaban otros. Me resulta increíble concebir cómo es posible que en Italia gobierne desde hace varias legislaturas un señor como Berlusconi que está implicado en varias causas judiciales, cómo es posible que un señor que fue primer ministro de Francia como Chirac esté siendo enjuiciado por delitos económicos, que todo el Levante español esté sometido a unos políticos mangantes con dedos largos y bolsillos profundos, que existan monarquías como la monegasca y la británica a los que se les paguen fiestas y todo tipo de saraos, que vuelvan en centro Europa los grupos políticos de corte nacional socialista, que en época de crisis tengamos record de beneficios y de sueldos de directivos en grandes empresas y así podríamos continuar prácticamente indefinidamente. No sé si es que yo con la edad me estoy volviendo más agrio pero es que da la impresión, por lo que poco que me entero gracias a la televisión y demás medios informativos, de que nos están tomando el pelo. Como me gustaría que mi voto oscilase, el no tener la seguridad de adónde dirigirlo pero, al final, siempre creo dirigirlo a los menos malos.
Háganme dudar, por favor.

Nacho Valdés

Sweet Corner Vol. 88

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El punto de vista

Desde hace mucho tiempo me siento atraído por la fotografía profesional, por los trabajos que observo en revistas, publicaciones y demás medios de promoción en los que este vehículo expresivo tiene cabida. El caso es que estas navidades, tras un poco de esfuerzo, persuasión y demás triquiñuelas he conseguido hacerme con una cámara réflex con la que comenzar a observar el mundo a través de unas lentes. La pretensión inicial es sencilla: aprender a utilizar el aparato de manera correcta para ser capaz de recoger mi visión de la realidad. Pues, de manera natural, me he dado cuenta de que llevaba tiempo fijándome en escenas que se me antojaban interesantes pero que no podía recoger pues no tenía la capacidad mecánica y técnica para hacerlo. Es decir, me faltaba la cámara y la paciencia para conseguir trasladar ese momento fugaz a un soporte que lo convirtiese en algo imperecedero. Al menos para mí.
Supongo que ahí reside el gusto por la fotografía, en la consideración de que posees un punto de vista privilegiado de la realidad que merece la pena ser congelado. Esto, por supuesto, puede sonar pretencioso pero nada más lejos de la realidad, siempre que hablo en estos términos lo hago desde mi propio punto de vista y sin meterme en terrenos propios de los profesionales del ramo. El caso es que me considero afortunado por la posibilidad de hacerme con imágenes del mundo que son únicas, que solo yo soy capaz de ver y que solo yo he sido capaz de experimentar. Nadie más que yo se levanta por las mañanas a su terraza y ve salir el sol por el este recortando la figura de los edificios de la ciudad, nadie más que yo ve el tráfico por la noche como si fuese un especie de serpiente luminosa, nadie más que yo se fija en un desconchón de un edificio que considero significativo por el contraste con el entorno. Desde luego no son más que referencias manidas, utilizadas anteriormente hasta la saciedad pero, con la salvedad, de que son mías y de nadie más.
Últimamente me sorprendo pensando en términos de imagen. En otras palabras, voy paseando por la calle y echo de menos mi cámara y la capacidad para fotografiar el momento único y perecedero que se despliega ante mis narices. O, por el contrario, estoy tranquilamente sentado haciendo cualquier cosa y se me ocurre una fotografía que me hace salir disparado a por la cámara y comenzar a trastear con el aparato. Curiosamente, en las ocasiones en las que salgo a la caza de alguna instantánea que merezca la pena los momentos únicos se vuelven escasos y me cuesta encontrar esa inspiración que en otros momentos me asalta de forma súbita. Supongo que el tema de las musas es así de caprichoso.
De todas formas, considero que esas salidas en las que me resulta complicado alcanzar lo que busco, aunque realmente no sé lo que es, son una excelente práctica que me lleva a conocer de manera más adecuada el instrumento que llevo entre las manos. Pues, por lo que estoy experimentando tiene una dimensión física que tiene que ser comprendida y que no resulta demasiado complicada pero que, por otro lado, va acompañada de una dimensión técnica en la que hay que detenerse bastante más para conseguir una soltura adecuada. El problema técnico es insalvable y no supone más que trabajo y escucha a los profesionales. De hecho, por mi falta de pericia, he perdido lo que yo consideraba buenas fotos que requerían una actuación rápida para lograrlas. El contrapunto es la fotografía reposada en la que utilizo el trípode y tiempo sobrado para experimentar tranquilamente. Además, en los tiempos digitales que corren tengo el privilegio de hacer cientos de fotos sin gastar dinerales en papel, productos y películas. Simplemente tengo que fijarme en lo que hago, disparar y disfrutar del resultado pues debo decir que cuando hago las cosas bien me provoca una gran satisfacción.
Últimamente, estoy descubriendo otra faceta que se une a mi vertiente literaria. Estoy comprobando como la imagen y la escritura se pueden convertir en un tándem que se retroalimenta y logra una mejora de ambas dimensiones, pues desde que estoy con el tema fotográfico supone una gran inspiración para la escritura el uso de algunas de mis imágenes o, en el sentido contrario, me encantaría tener la posibilidad de ilustrar mis escritos con mis propias fotografías. ¡Qué lástima que no me paguen por esto!

Nacho Valdés

BLUE VALENTINE: Flash back desde el recuerdo, flash back para contar una historia de amor

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En el recuerdo de la narrativa cinematográfica, el uso del flash back posibilita dar una vuelta de tuerca a la línea de tiempo de nuestra historia, para no comenzar desde el principio sino desde la mitad, o quizás desde instantes antes del final.
Pero cuando lo que cuenta la historia, es un hecho cotidiano, dentro de las vicisitudes que emergen en el interior de la vida de una pareja, como tal, y en cada uno de los dos integrantes de la misma, por separado, el salto temporal incita a pensar en grandes alborozos y espectaculares momentos de tensión y acción; en Blue Valentine no es el caso, todo lo contrario al uso habitual de este recurso, manido en su ortodoxia, resulta original y efectivo cuando algún cineasta utiliza el viaje temporal para contar sin más: perfilar el personaje en la medida que el tiempo cinematográfico avanza consigue acercarnos emocionalmente a cada uno de aquéllos. 
Es así como se construye una historia, una película sin alardes esperpénticos ni argucias del montón, que no introduce ni un ápice de acción, más que la justa, ni un gramo más de tensión y dolor, solo el necesario: la clave es sumar, aportar ingredientes que permitan confeccionar una buena historia.

Desde aquí casi siempre me he dirigido en términos técnicos, ajustando mi lenguaje para hacer accesible las técnicas cinematográficas a los más profanos, para desvelar algunos entresijos sobre éstas. Hoy me destapo como un defensor de la historia, de aquello que se quiere contar y de cómo hacerlo, a partir de un buen planteamiento, todo responde, destaca y se percibe como un todo cinematográfico que tiene un reflejo en el espectador, de manera inmediata: el contacto emocional entre aquel que ve y aquél que crea.

De la historia, poco; una pareja, joven, con una hija, apasionados y emocionalmente cerca, van alejándose hacia el futuro desde el presente, aquél que tiempo atrás les vio tan cerca. Para refrescar su relación acuden a uno de esos moteles con habitaciones temáticas: eligen la futurista. Con un planteamiento así, qué puedes esperar: mucho, creedme.

Giorgio
28/02/2011

Sweet Corner Vol. 87

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La carrera a la falsedad

Siempre me pregunto, cuando se acercan estas fechas y los Óscar asoman la nariz, si se trata de un sincero trabajo académico o por si lo contrario es otro impostado asunto que se relaciona, más que nada, con el marketing. Considero, dada mi naturaleza escéptica y descreída, que se trata de una hábil estrategia publicitaria en la que se utiliza el palmito de los bellos actores para la promoción de estudios, películas y demás añadidos que van de la mano del mundo audiovisual actual.
Supongo, que en un primer momento, se trataría de un acto espontáneo en el que el mundo de Hollywood se reunía para rendir homenaje a sus compañeros de profesión. Es decir, se trataba de una excusa para unirse durante una cena en la que se intercambiaban opiniones, negocios y, seguramente, sexo a raudales. Algo así como las fiestas pijas que puedan realizarse en una urbanización de lujo en la que todos se conocen y todos saben a qué asisten. Además, y a pesar del férreo control que los estudios realizaban sobre sus estrellas por aquella época, se supone que la comunidad cinematográfica formaba una gran familia en la que cada uno tenía su rol. Es decir, seguro que se podía encontrar al típico tío crápula que, con un par de copas de más, echaba miradas lascivas y furtivas a las bellas mujeres que por ahí pululaban. Por supuesto, huelga decir que al llegar a su casa se encontraría con la bronca de su mujer que impotente ante su borrachera lo dejaría dormir hasta el día siguiente. También andarían por ahí las viejas glorias que como si fuesen eternas solteronas en busca de su partido intentarían encontrar un nuevo papel que les permitiese volver al candelero. El equivalente que se me ocurre para esta figura presente en casi todas las familias es la de las antiguas estrellas de cine mudo que, con la llegada del sonido, se quedarían relegadas a un segundo plano hasta que sus mansiones se derrumbasen sobre ellas. Por supuesto, y esto pasa en todos los lados, no puede faltar la sobrinita cañón que de una navidad a otra crece desmesuradamente y se convierte en el blanco de todas las miradas. En este caso, el equivalente adecuado es el de la estrella emergente que rápidamente se hace un hueco en el panorama audiovisual. Buena cantera de jovencitas es la factoría Disney que es especialista en crear, elevar y fagocitar estrellitas adolescentes.
Aunque, por encima de todos los personajes nombrados, como maestro de ceremonias del Hollywood más clásico yo citaría a Errol Flynn. Este artista puede ser considerado el más disoluto y soñador de cuantos actores y divos han pasado por Los Ángeles. Este tío, con su porte de galán, ocultaba bajo su serena y bella apariencia un devorador de jovencitas que hizo del sexo, el alcoholismo y la drogadicción un modo de vida y una seña de identidad. Vamos, una especie de antihéroe al que ocultamente todos nos gustaría parecernos para romper con las molestas convenciones. Parece ser que las fiestas que montaba harían palidecer a las que se realizaban en el teatro Kodac y que si eras alguien tenías que estar invitado, en caso contrario te convertías en pusilánime y no estabas en la onda. La leyenda dice que tenía instalada una cuerda hasta el techo en su recibidor y que le gustaba jactarse de la forma física de la que había hecho gala en Robin Hood y se descolgaba ágilmente como si estuviese en el bosque de Sherwood. También se contaba que el tipo tenía un pene descomunal y que lo usaba para aporrear el piano mientras sus invitados, supongo que féminas la gran mayoría, se deleitaban con la actuación. Al final su vida se convirtió en un ir y venir de los tribunales mientras se casaba y se divorciaba en al menos cuatro ocasiones. El más sonado de sus pleitos, que dejó muy tocada su imagen pública, fue la acusación de violación de una menor que supuestamente se produjo en un yate de su propiedad.
Aquellos sí que eran buenos tiempos para la festividad hollywoodiense y no como ahora que todo supone una medida estrategia publicitaria y no queda ya gente realmente auténtica. Una lástima que figuras realmente artísticas y entregadas con pasión a su autodestrucción estén en vías de extinción, pocos son los que se ofrecen con semejante desmesura a su profesión y a los desenfrenos del éxito con tanta coherencia como lo hacía el bueno de Errol.