Sweet Corner Vol. 67

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La era digital

El ritmo trepidante al que avanza, en ciertos aspectos, la técnica nos lleva en la actualidad a ciertas paradojas que me resultan motivadoras para la reflexión. Hago referencia a las posibilidades que los medios informáticos ofrecen para la creación artística, en lo referido, sobre todo, a las producciones cinematográficas y literarias. Parece ser que en estos dos campos se han realizado ciertos pasos que permiten, hasta cierto punto, prescindir de la dimensión humana. No es, por tanto, cuestión baladí la temática que abordo y creo que en tiempos cercanos dará más que hablar y se convertirá en discusión recurrente.
El primer ejemplo que planteo hace referencia al mundo literario y, por extensión, al trabajo previo a todo film que supone el guión de cine. Parece ser, según leí en prensa hace unos meses, que un tipo ruso desarrolló un software que permite la escritura autónoma de novelas negras. Por lo dicho parece que se ha conseguido desarrollar un especie de inteligencia artificial que logra, sin intervención humana (si dejamos a parte el tema del programador), la elaboración de novelas de manera independiente. La cuestión, como no podía ser de otra manera, me pareció fascinante. No por la calidad de los escritos, asunto que desconozco puesto que no ha caído en mis manos ningún libro de estas características, si no por el concepto en sí. Es decir, la maravillosa ocurrencia que tuvo este hombre en la lejana Rusia y que le llevó al desarrollo de tan complicada aplicación. Pues, además del desarrollo informático propiamente dicho, tendrá que conocer los rudimentos y esquemas clásicos del género sobre el que la computadora está escribiendo. Por lo dicho hasta el momento parece que se avecina un mundo no muy lejano en el que se escribirán bestsellers como churros y en el que las personas solo intervendremos para retratarnos en caja. ¿Quién sabe? Quizás algunas de las lecturas que hayamos devorado en los últimos tiempos sean resultado de la fría lógica de los circuitos de un ordenador, o puede que incluso el presente texto esté escrito bajo mi auspicio por mi ordenador portátil. Nada más lejos de la realidad, el asunto no resulta tan diáfano como lo he presentado. Las novelas resultantes del programa tienen que ser revisadas por el escritor y se limita, siguiendo los rígidos corsés del código binario, a realizar una combinación de palabras más o menos afortunadas que están sujetas al último criterio del artista. En fin, que la temática resulta atractiva pero está todavía en pañales y es una cuestión que ya fuera tratada, de manera más o menos directa, por Borges en alguno de sus relatos.
En el mundo cinematográfico, sin embargo, este mundo ha avanzado mucho más rápido y se está llegando a un punto en el que se puede prescindir del trabajo de los actores. Si hablamos de películas de animación, al estilo Pixar, cuyos personajes no son más que una caricatura, el asunto digital está más justificado. Pero parece que se ha abierto la veda con producciones como Avatar, realizada por el grandilocuente James Cameron, en las que la presencia humana se convierte en testimonial. Lejos de criticar dicho trabajo, puesto que no lo he visto, me produce una cierta sensación extraña el hecho de que algo que no tenga cariz caricaturesco intente convertirse en algo serio y con pretensiones de continuidad. Supongo que me escandalizo con bien poco y que no es otra cosa que el avance de los medios a los que no me adapto, pero creo que la capacidad interpretativa de un rostro nunca podrá ser superada por un trabajo informático; a pesar de lo que pueda opinar el señor Cameron.

Nacho Valdés

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Con noticias como esta me alegro de que el mundo pueda acabarse en 2012.Todo esto debe ser cosa del maligno. Que un programa informatico pueda escribir novelas me acojona seriamente. De todos modos, viendo las caracteristicas de muchos guiones actuales no creo que haya mucha diferencia, pues como bien planteas muchos parecen clonados y responden a ecuaciones de primaria para bobos.
Has activado mis entumecidas neuronas. Muy buen articulo.

Un abrazo.

Melmoth.