ANSEL ADAMS: El fotógrafo de la naturaleza

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A mí Ansel Adams, me inspira. Me tiene cogido por el estómago. Me arrebata con su forma de mirar e interpretar el universo natural, con sus formas imperfectas, con sus fragancias, con su luz y su sombra. Una muestra de ello, son las fotografías que acompañan a mi pequeño texto; lo apelmazan, diría yo. Otra muestra: aquellos fotógrafos que miran la naturaleza, que la retratan hoy como miró Ansel Adams.
Yo me incluyo; por supuesto que me incluyo.

Ansel Adams murió hace ya más de treinta años, ajeno a la tecnología digital, al menos a la que hoy día corre por nuestros campos, virtuales quizás, proponiendo una fotografía que contempla lo que observa como un privilegio, como un regalo. Es la única manera de recrear esos paisajes de forma tan majestuosa, tal como se muestran a nuestros ojos.
Si además le añadimos la invención del sistema de zonas, (junto a su colega Fred Archer) paradigma de la fotografía fotosensible, Ansel Adams alcanza la categoría de maestro.
El sistema de zonas ponía de manifiesto la relación entre las luces reflejadas por la escena, con la respuesta de nuestra película a la luz (llamada técnicamente sensibilidad), así como con el grado de revelado, que debía aplicarse a la película y al papel, para obtener el mayor rango de tonos de la escena, en nuestra copia en papel fotográfico; tonos de una realidad en color, que eran convertidos en puntos de grises, cada uno con una densidad distinta, con una diferencia en el matiz de cada gris.
Es decir, permitía obtener una correlación directa entre la imagen real, y la copia en papel fotográfico.
Los problemas inherentes al nacimiento de la fotografía, quedaban solucionados, al menos mitigados en parte, ya que el fotógrafo obtenía una herramienta para poder conocer, de manera más o menos precisa, lo que ocurriría posteriormente en su copia positiva.

Pero hay algo más en el viejo Ansel, que le hace extraño; algo que otorga a su trabajo un carácter especial, dramático; extrañamente dramático.
Sus composiciones evocan momentos diferentes del Parque Nacional de Yosemite, en primavera, en invierno, bajo la luz de las estrellas, o al amanecer. Momentos precisos, captados por una cámara pesada, soportada en un trípode de madera, robusto, antiguo, llenos de golpes, de arañazos; de continuos traqueteos, de vueltas con los parajes más inhóspitos de la geografía americana.
De tal forma retrató Ansel Adams la naturaleza, tal fue su ímpetu, su obsesión, que aquel parque, el de Yosemite, fue declarado como Parque Nacional de Yosemite, por el gobierno americano. Su trabajo reflejó como nunca aquellos parajes naturales; lo que nadie había visto de Yosemite.
Su blanco y negro desvelaba las formas de las montañas, haciéndolas más impenetrables, más perennes; la ausencia del color aumenta la percepción de las formas, de las texturas, de las líneas; la gama de tonos de grises que Ansel Adams reproduce en las fotografías, es tan amplia, se hace tan progresiva al observarla, que parece que el paisaje, esa porción de realidad coloreada por la luz, esté pintada en blanco y negro.

Por esto, por lo que representan sus imágenes, sus retratos de realidad natural, por todos aquellos lugares que se encargó de congelar en sus fotografías, por los años que pasó en solitario realizando esta gran labor; por todo ello, Ansel Adams es uno de los maestros de la fotografía del ya pasado, pero nunca olvidado, siglo veinte.


Giorgio
25/02/2009

1 comentarios:

Nacho dijo...

Gran artículo, como de costumbre. Me ha gustado mucho la temática que propone este tipo desconocido para mí, ya sabes que el tema natural me encanta.

Por cierto, gran fotografía la que abre el artículo.

Abrazos.