Sweet Corner Vol. 29

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Visiones

Resulta frustrante, en la mayoría de las ocasiones, comprobar como en este país se desaprovecha el talento o los medios para la elaboración de trabajos audiovisuales mediocres o directamente malos. ¿Qué es lo que pasa? ¿No disponemos de capacidad creativa? Yo creo que la respuesta no se encuentra en las capacidades individuales, sino en todo lo que envuelve a la industria de la imagen y la comunicación. Creo que lo que en realidad sucede, o por lo menos es lo que sospecho, es que todavía estamos encorsetados por la herencia del pasado. Nos consideramos un país progresista, moderno y emprendedor; aunque la realidad es bien distinta, estamos a la cola europea y mundial en multitud de aspectos y dimensiones. Sí, de acuerdo, no somos ese pequeño país pseudo-africano en el que un señor chiquitito y su cohorte hacían su voluntad, hemos conseguido dar unos cuantos pasos en busca del progreso social. Pero creo que este camino, del que ya podemos hacer memoria, ha sido errático y, en algunos casos, equivocado. No hay más que darse una vuelta por el mundo para darnos cuenta de que debemos abrir los ojos y redireccionar nuestra itinerario en algunos aspectos.
Parece que en el mundo audiovisual se mantiene la eterna parquedad y encorsetamiento que ha dominado a la sociedad española desde que es considerada como tal. Si algo teme el buen hispano es al que dirán, este aspecto es el mejor control social en nuestra tierra. Esa inclinación hacia el chismorreo, los mentideros y el susurro ha provocado una manera peculiar de ser que se refleja, por ejemplo, en el mundo del cine. Es increíble como se repiten las temáticas, los argumentos y nuestros pobres recursos. El cine patrio está mal, pero que muy mal, de hecho, yo creo que la mayoría de producciones huelen a putrefacción y lugares comunes y creo que somos nosotros mismos los que nos autocensuramos para evitar el destacar ante los demás. Llevábamos demasiados años con una sociedad demasiado homogénea y una cultura excesivamente politizada como para borrarla de un plumazo. Este legado pervive, no me queda la menor duda. ¿Por qué si no estamos siempre a vueltas con lo mismo? ¿Por qué la falta de originalidad que emana de nuestras producciones? Pues muy sencillo, nuestra mente ha quedado anclada en el pasado y son pocos los que apuestan por otros medios expresivos que no sean los absolutamente trillados y vistos, nadie desea apostar fuera del terreno abonado para la mediocridad. Aquí pasa como con la ciencia, los buenos profesionales (salvo alguno honrosa excepción) deben abandonar la tierra materna para buscar sustento allende de los mares. Nuestra creatividad está capada y acongojada por toneladas de educación errónea, por miles de dogmas religiosos y políticos y por enormes cantidades de miedo.
Si, estamos, aunque no queramos admitirlo, educados en el miedo a nosotros mismos. Muchas generaciones fueron educadas para la auto-represión, si no te censurabas tú mismo era el Estado el que lo hacía y, esto es algo que todo el mundo sabía, podía ser mucho más persuasivo que cualquier medio que utilizases tú mismo. Aquí está la solución, debemos abrirnos al exterior, no equipararnos a nadie, no buscar emular a ninguno como nos pasa con el referente americano, sino encontrar nuestro propio lenguaje y crear escuela más allá del terror que atenaza nuestras débiles mentes.

Nacho Valdés

3 comentarios:

Giorgio dijo...

La presión del que dirán es excesiva en nuestras tierras.
De hecho, aquellos que se deshacen de ella, hacen historia.
El cineasta español, tiene talento, lo ha demostrado, y sigue haciéndolo.
Tan sólo hay que dejarle hacer.

Lo peor, es que esa autocensura convive en todas las etapas de nuestra vida, así como en casi todas las disciplinas que cultivan los españoles.

En nuestra mano está cambiarlo.

Buen artículo.

Anónimo dijo...

Excelente reflexión, además me ha servido para desahogarme. Somos un país de contrastes. Tenemos una de las mayores tasas de gilipollas per cápita del mundo. Eso sí, el que sale bueno es la ostia, aunque sólo sea por lo que le cuesta. "El Quijote" sólo lo puede escribir un español quemado hasta la médula. España necesita una catarsis, siempre hemos estado gobernados por cuatro caciquillos mediocres más o menos encubiertos.

Saludos.

laura dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión, pero tengo la esperanza de que esto cambie porque como dice Jorge, en España hay mucho talento. Un besazo.
Laura.