Sweet Corner Vol. 30

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Los cimientos

Puedo llegar a afirmar que todos los seres humanos, de cada una de las generaciones de la historia, al confrontarse entre ellas habrán sufrido el vértigo del cambio acelerado que parece darse alrededor de ellos como individuos. Soy incapaz de imaginarme, ya se trate de un señor feudal, un obrero de las pirámides o un aristócrata del siglo XVIII, a alguien cuyo entorno se le antoje como estático, sin dirección o intencionalidad. Supongo que para percibir la vorágine de acontecimientos que mueven a la humanidad hacia una dirección u otra hay que tomar distancia, leer en los libros históricos las reformas, descubrimientos y batallas que dieron lugar a determinadas situaciones; pero, por otro lado, hay dentro de las personas un cierto sentimiento de confrontación dialéctica que no se ve amortiguada, sino acentuada, en la actualidad. Quizás este discurso esté ya elaborado, superado e incluso desechado, pero ha llegado a mi mente como si de un destello se tratase. Estamos enfrascados en un torbellino de información que no hace sino desorientarnos, y esto sí que es algo totalmente postmoderno.
Parto de la primera suposición de que todos los protagonistas de la historia (por ellos me refiero a los sujetos particulares, no a los grandes estrategas o políticos que inscriben su nombre en el recuerdo), quitando a todos aquellos que tengan una tara o algún pesar ineludible, han sospechado de su relativo peso en el orden de los acontecimientos venideros. Sí, somos participes del movimiento integral de la masa humana, cada uno de nosotros con su acción o inacción provoca que la balanza se dirija hacia un lado u otro. La cuestión estriba, por lo menos a mi entender, en las dificultades que tenían nuestros antepasados para saberse como determinantes en el devenir de la historia.
Parece probable que haya lugares, todavía en la actualidad, en el que el tiempo se dilata sin nada mejor que hacer que perpetuar los modos de vida que desde tiempo pretérito cada individuo debe proteger. Quizás no cabe, en la cabeza de estar personas, su peso como integrantes en la globalidad de la que ninguno podemos escapar. Sin embargo, y aunque para ellos pase desapercibido o de una manera distinta al mundo moderno, son igualmente elementos determinantes en el camino que todos seguimos al unísono. De todas formas, en el que me quiero centrar es el occidental medio que se halla inserto entre los laberintos y madejas que le tiende la sociedad de la comunicación basada en la imagen.
Para nosotros, es decir, para el occidental habituado a las nuevas tecnologías, es el nuestro un mundo de cambios atropellados en el que las fronteras, diversiones, políticas, artes y demás manifestaciones culturales se suceden a velocidades de vértigo. Somos acribillados con dosis brutales de información que llegan codificadas en forma de imágenes, éstas deben ser asimiladas en tiempo record puesto que a continuación una nueva descarga (que quizás cambie el sistema de entablar contacto) llegará a nosotros de manera precipitada. Puede que aquí es donde se encuentre el secreto de la nefasta oferta audiovisual a la que se puede acceder de manera gratuita. Resulta decepcionante comprobar como cada una de las cimas conquistadas por la técnica ha sido empañada por el politiqueo de más baja estofa o, directamente, por el predominio de lo cutre que alardea de ignorante. No quiero caer en ejemplos, pero parece que una buena muestra de la población ha sido víctima de la amalgama de información a la que es sometida. Lejos de enterarse de que están aquí para ser protagonistas de algo, para decidir sobre el entorno, se dejan llevar por el embrujo que la imagen manipulada efectúa sobre ellos.
Da la sensación de que eran las sociedades antiguas y tradicionales estáticas, poco favorecedoras del cambio, pero por el contrario estaban fundamentadas sobre unos pilares fundamentales. Hoy, sin embargo, parece que cada cual quiere levantar su propio pilar con la ayuda de su ignorancia y los infinitos recursos técnicos con los que contamos.

Nacho Valdés

3 comentarios:

Anónimo dijo...

De nuevo totalmente de acuerdo contigo. En esta época prima más la motivación inmediata o el esfuerzo coyuntural, que el verdadero sacrificio. El terreno está abonado para los oportunistas y la gente de ética "relativa". Y en esto, el medio audiovisual es de los más perjudicados. Ahora hay que saber mudarse rápido de piel a cada instante, aunque ésta sea de baja calidad.
Una nítida reflexión, felicidades.


Melmoth.

Giorgio dijo...

Es evidente que el peso de la imagen sobre la humanidad es abrumadoramente horrible.
A pesar de vivir del medio que ahora ensombrezco, siempre trato de explicar lo importante que es filtrar toda la información a la que tenemos acceso.

Deberíamos ser capaces de asimilar esa cantidad de imágenes, sopesar y decidir.
El problema es que de un tiempo a esta parte, apenas hay espacio ni tiempo para la reflexión.

Gran artículo.

laura dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo, me parece que has escogido muy bien el tema, pues es bastante preocupante.
Yo no lo habría expresado mejor.
Un besazo.
Laura.