WOODY ALLEN: Subconsciencia enmascarada en la vida cotidiana

|
"El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro"

En estos tiempos socorridos de algarabía y festividad, asoma ante nosotros la majestuosidad e ímpetu que la ciudad de New York presenta entre sus numerosos cócteles de vino y rosas.
Haciendo uso de su perenne condición de insomne urbe, el exceso y la soledad salpican de entre sus largas y alejadas construcciones, aquellas que ocultan tras de sí, los rayos del sol que las divisa tan sólo un poco más arriba.
De todo, emerge Manhattan, y de allí, fruto de su pasión y recelo hacia aquélla, la figura encorvada y diminuta de Woody Allen, se presenta ante nosotros para ofrecernos su mirada particular de la isla, de la ciudad y de los continuos arrebatos que los habitantes de ésta sufren por ella y para sí mismos.
El cineasta disfruta con ello, dispone libremente su condición de inalterado alterante de futuros y antiguos problemas que la humanidad soporta (soportará) bajo las impertérritas paredes que flanquean las calles y a sus transeúntes.

El cine de Woody Allen transcurre por los pasillos de los hombres, abriendo las puertas de las habitaciones de las mujeres, y citando a ambos, proponiendo un continuo sobresalto entre los sentimientos de todos ellos. No por ello, descarta el sarcasmo, la mofa, incluso la chanza, elementos notorios en su burla hacia lo enfermizo, dejando constancia de ello mediante personajes creados e interpretados por él mismo. Todo circula y se mueve al ritmo constante de la narración, otorgando un papel importante al devenir psicológico de los personajes, que provocan catástrofes dramáticas y conflictos narrativos, con el propósito de verter en el espectador una porción de sentido común.
Siempre desvela los ingenios de los artistas, la benevolencia en la lucha y la maldad malsana que provocan los amores, ciegos o no. Aún así, ensaya técnicamente con propuestas atractivas, rebeldes, interactuando con el público, dirigiéndose a él mediante un actor o simplemente invitándole a participar de su universo, usando una fotografía violenta, cargada de luces y sombras duras, o practicando un uso del montaje efectista, dividiendo la pantalla en dos; nada
provoca trastornos en la narración de la historia, por eso su genialidad radica en envolverlo todo para conseguir ofrecer su visión del guión.

De toda la filmografía de Woody Allen, destacaría por su género tres películas, que adolecen de recursos técnicos excesivos y fomentan el cuidado y destacado contenido de sus guiones.
Annie Hall, lleva por título la primera de ellas; asceta, banal, descarada y frívola, pero completa y repleta de valor espiritual, psicológico. Domina el tiempo de la narración en todo momento, y disfruta desplazándose hacia atrás, mirando en el futuro, usando al espectador para reafirmarse o exhalar un poco de contradicción humana.
Con el film Manhattan, W. Allen nos hace soñar, levemente, una obra completa dedicada a este barrio, rodada en blanco y negro, su crítica feroz hacia la falta de talento de sus personajes se compenetra muy bien con aquel intelectualismo mal entendido, de nuevo son figuras cuyas carencias emocionales asolan durante la película y mantienen en vilo al espectador.
La paradoja invade de nuevo el discurso fílmico, encarnada aquélla en una jovencísima Mariel Hemingway, cuya madurez psíquica e intelectual, descubre aún más, las miserias de los otros.
Destaca la fotografía de Gordon Willis, totem de la fotografía cinematográfica, que otorga con esos aires taciturnos despiadadas analogías de las mentes enfermas de los personajes.
Por último, mi tercera apuesta de entre toda la extensa obra del director neoyorquino es una película particularmente retorcida en un universo de burla intensa. Lleva por nombre Balas sobre Broadway, y aunque parece algo menor, su fina ironía rodea por completo la cinta, destroza los cánones impuestos sobre la mafia, sus correrías, sus malos actos, entroncándola con el universo teatral. Siempre hay lugar para el intelectual, para el iluso artista que no renuncia a sus principios a costa de malvivir por entre los edificios de la ciudad: New York de nuevo dispone a sus habitantes de forma especial.

Sin ser devoto de Woody Allen, a pesar de sus estridencias y desajustes emocionales, configura su cine para hacerlo universal, demostrando que los problemas humanos son graves en sí mismos, lo que cambia es la manera de afrontarlos, y en el caso del menudo galán, la diferencia estriba en la forma de narrar las ruidosas y bulliciosas historias que pululan por la mente del director,


Giorgio
02/10/2009

3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bien estructurado el artículo, felicidades. En cuanto a woody allen personalmente no me da ni frío ni calor. Vicky cristina me parece floja y en cuanto al resto nunca les he encontrado demasiado interés. He visto películas suyas empezadas y no me han enganchado. Otras desde el principio tampoco.
Me parece un director interesante coyunturalmente y no me parece que esté un paso por encima de muchos directores. A lo mejor tiene más gracias como guionista.

Un saludo, Paco.

Nacho dijo...

Estoy de acuerdo con Paco, muy bien estructurado el artículo.
En cuanto al contenido, para mí, Allen, es un creador de luces y sombras. No le niego alguna obra mayor como las que citas, yo añadiría Misterioso asesinato en Manhattan, pero hacer una película al año desde hace décadas provoca que algunas bajen de calidad. De todas formas, también le reconozco una calidad mínima en todo lo que hace.

Abrazos.

laura dijo...

A mí Woody Allen me encanta! Me hacen muchísima gracia sus películas, sobre todo las primeras.
Gran artículo que como siempre ha sido un placer leer.
Ya os echo de menos, me encantó vuestra visita!
Un besazo.
Laura.