LA CAÍDA DE LA CASA USHER: Imágenes modernas construidas antaño

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En los albores del cinematógrafo, las particularidades de cada una de las películas que se realizaban, tomaban ese aire emprendedor de aquel pionero que indagaba en su propio trabajo para mejorarlo. No cabe duda que muchas de éstas carecen de lo que hoy en día llamamos ritmo fílmico, es decir que la lentitud se apodera de la construcción dramática y la narración se hace de forma precisa, metódica en algunos casos; bien es cierto, que para el espectador de la época, desacostumbrado a ver cine, posiblemente sin posibilidad de comparar lo que veía, aquello del ritmo pasase desapercibido.

Quizás, en algún momento concreto, las películas que fueron construidas hacia 1920, pusieran en tela de juicio los clichés de la época, y conformaran un universo en sí mismas que permitieran enseñar a sus espectadores lo que ofrecía la nueva tecnología: apertura industrial, nuevos inventos, revolución visual, y cultural; diversas formas de afrontar la visión del mundo, aquél que bajo la mirada del cineasta, se ofrecía en las pantallas de cine.
De lo que no estoy tan seguro, es de lo que ocurre hoy día con los autores cinematográficos.

De la película que nos ocupa se sacan conclusiones más que evidentes, en relación al valor de los contenidos cinematográficos y, supeditados a la historia, el de los aspectos formales de éstos.
La caída de la casa Usher, demuestra que la modernidad es absolutamente intemporal, no posee escenario, ni admite imposiciones de ningún tipo; tan sólo responde al talento, y de eso, no hay demasiado a día de hoy.
Jean Epstein, director del film, francés de cine y polaco de origen, propone multitud de caminos para ofrecernos una historia con un marcado aliento moderno. Partiendo de uno de los textos más célebres de Edgar Allan Poe, Epstein resulta un creador futuro, ambivalente realizador, apegado a lo bueno, capaz de generar multitud de formas distintas para imbuirnos en el universo oscuro y ralentizado de Poe. Quizá por ello, Luis Buñuel fuera su ayudante de dirección.

De todos los elementos que pone de manifiesto en la película, son muy significativos las exposiciones dobles, las cámaras suspendidas en el aire, pesadas y rudas, moviéndose hacia atrás a modo de travelling, o el uso acertado de la música, como elemento constructor de la psicología de los personajes.
Utilizando maravillosos decorados, con una puesta en escena que nos acerca al impresionismo alemán, tan afamado en manos de Murnau, Epstein domina con buena mano los tiempos de la película, acercándonos poco a poco, de la misma forma que se acerca uno de los personajes principales, a través de los bosques, del fango, manteniendo la atención en el extraño extranjero que arriba al pueblo en el que transcurre la acción. La alternancia de grandes planos generales, describiendo el entorno boscoso que rodea la casa, con los planos cortos de los rostros angustiados y extraños por las circunstancias que alimentan la narración de la historia, poseen un valor fílmico de una gran y elevada entidad.

Me entristece ver este tipo de cine, sobre todo porque veo una involución en nuestros cineastas, que se opone al constante movimiento de avance que merece este arte.
Sin citar nombres, las aberraciones en el tratamiento de las historias, las continuas y erradas selecciones de planos, la falta de creatividad, de talento, y sobre todo, la inapetencia de cambiar el panorama audiovisual, más aún el español, me obligan a retrotraerme casi 70 años, para poder contemplar una auténtica y firme obra moderna.


Giorgio
04/09/2009

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Por qué no está el comentario que escríbí ayer?.


Soy Paco.

Giorgio dijo...

No lo sé, señor Alvilares.
Te invito a que lo re-escribas de nuevo.

Un saludo.

Nacho dijo...

Cineasta polaco, basado en Poe... me resultan elementos casi familiares, sinónimo, a priori, de cierta calidad.

Sí, es una realidad lo cuentas, el cine actual mama de manera evidente y sin rubor de la prehistoria de la cinematografía. Una lástima que no exista valor para romper la dinámica actual.


Abrazos.
El Rey.

Anónimo dijo...

No tengo ni mucho menos predilección por el cine mudo, no me gusta su cadencia ni su desmesurada teatralidad o excesivo maquillaje, pero reconozco que a nivel de estética, en particular este film, aporta un nivel muy superior a la media del cine actual. Yo creo que aquí se llega a conseguir auténtica poesía visual, algo que considero realmente difícil. Aunque el guión me resulte muy flojo y mal conducido-algo grave considerando el calibre del relato original-cuando pasen los años recordaré algunas secuencias de esta película, algo que no me ocurre con el 90% de los films que presentan buenas historias, pero que no llegan a aportar nada superior.


Melmoth.