Sweet Corner Vol. 14

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Caminando hacia el Oscar

Seguro que alguno de los afamados actores que siguen esta interesante sección se preguntarán: “¿Qué puedo hacer yo para conseguir un Oscar?” Independientemente de la motivación; del sitio libre en la estantería; del bonito color o de que siempre da cierto prestigio; se puede decir que es uno de esos objetos de deseo a los que nos gustaría acceder, si estás desesperado y no sabes cómo montártelo, no desesperes. Aquí, voy a compartir algunas de las reflexiones a las que he llegado tras sesudas cavilaciones y el visionado de cientos de miles de títulos cinematográficos. Como en todo, hay ciertos trucos que pueden facilitar el camino que te lleve a la alfombra roja y a la fama más rotunda.

En primer lugar, la manera más evidente de conseguir tan preciado trofeo es contar con el talento, la experiencia y la habilidad necesaria para meterse en la piel del personaje de turno. Como esto es una obviedad, y sólo está al alcance de unos pocos, será mejor que pasemos al plan B donde quedará patente que no sólo de genialidad vive el artista.
Lo primero que hay que tener en cuenta es para quién se trabaja, aquél que piense que es para el público o para el director estará cometiendo un grave error de base. No es para esta gente para la que se realiza la actuación, es para los sesudos académicos que están mirando con lupa todo lo que se hace en el mundo del cine. Estos personajes que llevan toda su vida metidos en la industria suelen ser mayores, conservadores y muy críticos con todo aquello que no les gusta. Para este público bienpensante es necesario mantener una actitud impoluta, buena presencia y, por supuesto, no meterse en política. No todos tenemos aquí el carácter de Sean Penn, que puede decir y hacer lo que le venga en gana sin perder por ello un ápice de credibilidad. Para el resto de mortales, el no meterse en tinglados políticos se antoja como fundamental para no perder comba a la hora de recibir un premio.
Otro de los asuntos que suelen gustar bastante en el momento de sacar tajada es la de cambiar de género sin previo aviso. Si eres de aquéllos que llevan encasillados lustros en los mismos papeles, enhorabuena, puede ganar un gran premio. Por ejemplo, pongamos que el campo en el que destacas es la comedia, eres el típico actor que había hecho alguna serie de éxito y que dio el salto al cine con el mismo rol. Detente un instante, tira todos los guiones que te hayan pasado que produzcan risa y coge el más dramático que tengas a mano. De primeras la gente pondrá tu trabajo en tela de juicio, que si no serás capaz, que si estás encasillado y demás chorradas. No te preocupes, después de años viéndote haciendo el gilipollas, cuando estés llorando frente a la cámara quedarán sin saber qué opinar. Huelga decir que cualquier crítico que se sienta en esta situación no admitirá su falta de criterio, todo lo contrario, ante el peligro de quedar en evidencia ante sus colegas te pondrá por las nubes y ya sabes, una vez que el primero empieza el resto se une al coro de aduladores y te llevarán en volandas hasta el Teatro Kodac. Ejemplos de este último truco los tenemos en gran cantidad, quién se acuerda del Tom Hanks de Esta casa es una ruina o del Bill Murray de Los cazafantasmas. Pues es justo admitir que nadie, aunque cuando cambiaron de registro nadie dio una perra gorda por ellos.
Por último, el mejor de las triquiñuelas para llevarse un premio de prestigio es la de la transformación física radical. Si eres guapo ponte feo, si eres horrible ve al gimnasio, si estás gordo adelgaza y si estás flaco engorda. No hay nada con lo que más disfruta el crítico que con los cambios de peso y con los quilos de maquillaje cubriendo el careto de los actores, cuando el pobre artista se pasa horas de peluquería o gimnasio, se dice que es un actor de raza, de esos que marcan época y se meten en el personaje que les toca interpretar. Quién no recuerda a Will Smith utilizando el doble truco de cambiar de registro y de imagen para interpretan al boxeador Ali. Además de ponerse más fuerte que el vinagre, el tío cambio de la comedia al drama, todo un maestro. La señorita Theron dejó de ser únicamente una cara bonita cuando engordó y se desfiguró bajo docenas de capas de maquillaje, nadie se fijo en la actuación, ya teníamos bastante con apartar la cara de la pantalla. Como vemos, estos dos personajes lograron el favor del público y de la crítica, y todo por un par de tonterías que no tienen mayor importancia.
Así que ya sabes querido amigo, si no tienes talento, si tu carrera da asco, si estás encasillado en papeles anodinos. No desesperes, el doctor Nacho tiene la solución para tus problemas, únicamente tienes que seguir estos sencillos consejos. Suerte.

Nacho Valdés

4 comentarios:

Giorgio dijo...

A pesar de que no soy mucho de premios, y que los ejemplos que has puesto son correctos, no siempre coincido con lo que argumentas en el texto.

No siempre mezclando dos actores potentes, un gran director, bajo el amparo de grandes estudios, el Oscar está asegurado; ejemplo fácil, Martin Scorsese, y sus tres últimos fracasos.

Aunque bien es cierto, que hacer buen cine, no se corresponde casi nunca con recibir estatuillas.
Un ejemplo Titanic.

Un abrazo tio

Nacho dijo...

Seguro que Scorsese no siguió mis consejos, tendré que hablar con él para su próxima producción.

Nos vemos en los ACDC.

Besos.

Giorgio dijo...

Jajajaja.... eso seguro.
Como tan seguro que nos vemos en los ACDC

Abrazos.

Sergio dijo...

Seguro que no te hizo caso pues el docu de los Stones aburre a un muerto.....

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